Discurso en el Círculo de Economía

La venganza del negro de Rajoy

Emilio Campmany

El editorial de El Mundo de este domingo se fijaba en que Rajoy había atribuido a los demás lo que él llamó "el síndrome de Fabrizio". El gallego acusó a quienes critican su política de ser como Fabrizio del Dongo, el personaje de La cartuja de Parma, que, habiendo participado en la batalla de Waterloo, admite que no se enteró de nada. Según el presidente, el único que se percata de lo que está pasando es él mismo, mientras los demás estamos papando moscas. El editorialista se da cuenta enseguida de que es el propio Rajoy quien podría estar sufriendo "el síndrome de Fabrizio". Es decir, "encontrarse en medio de una crisis dramática de dimensiones históricas y verlo todo, sin ver nada". El patético error de diagnosticar en los demás la enfermedad que uno no reconoce en uno mismo podría atribuirse a otro síndrome, el de La Moncloa, esa patología que hace que nuestros presidentes pierdan como hechizados el contacto con la realidad. Sin embargo, me jugaría una cena a que la idea de recurrir al pobre Fabrizio para menospreciar a los críticos no ha sido de Rajoy, sino del negro de turno.

Y, si es así, una de dos, o el negro es completamente idiota o está practicando algo muy corriente entre los de su profesión, eso que podríamos llamar la venganza del negro. Habitualmente, el negro, el que escribe para otros, procura hacer su trabajo lo mejor posible, tratando de superar la desgana a la que induce el que los lectores no sabrán nunca que fue él quien escribió el texto. Pero, a veces, el negro, por estar mal pagado o por no soportar que los honores se los lleve otro, se venga. El modo más común de hacerlo es plagiando. Naturalmente, el que paga no reconoce el plagio y, encantado de la calidad que rezuma, publica con su firma el texto que se le presenta. Luego, alguien descubre la estafa y el supuesto autor queda como un patán. No sólo, sino que además no puede denunciar que ha sido víctima de un engaño porque eso le obligaría a reconocer que emplea negros para la producción de sus escritos.

El negro de Rajoy se debe de sentir muy mal pagado o algo malo le han hecho porque, en su caso, la venganza ha sido aun más sibilina. Le ha hecho hablar al jefe de un personaje literario, Fabrizio del Dongo, que es el vivo retrato del propio Rajoy, quien, metido en el centro de la tormenta, sigue diciendo que no es más que un aguacero. Seguro que, pasados unos años, cuando felizmente haya dejado de ser presidente del Gobierno y se pregunte si realmente lo fue, como Fabrizio del Dongo, dudará. El negro de Rajoy, con un sofisticado símil literario, ha escrito la mejor columna que contra él pueda encontrarse. Y se la ha hecho leer al desgraciado sin que se enterara de lo que estaba haciendo. Chapó, amigo, seas quien seas.

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