Pablo Ruz

La 'vendetta galiziana'

Emilio Campmany

Mariano Rajoy ha tenido que verse las tres partes de El Padrino una docena de veces, las seis temporadas de Los Soprano en sesión maratoniana de 96 horas sin dormir, dos capítulos de Boardwalk Empire todos los días después de comer hasta acabar las cinco temporadas y una y otra vez Uno de los nuestros en fines de semana alternos durante algunos meses. Eso o es que no nació en Santiago de Compostela sino en Vigàta, la ciudad más siciliana de cuantas existen, que no es poco mérito si se tiene en cuenta que sólo bulle en la imaginación de Camilleri.

No otra explicación cabe al futuro que le ha preparado al juez Ruz. El Consejo General del Poder Judicial, convertido para la ocasión en Peter Clemenza (¡qué maestro Mario Puzo dando apellidos a sus personajes!), ya ha recibido la orden irrevocable, como todas las de esta naturaleza, de acabar con el juez rebelde. Como en todo asunto siciliano, y quizá también en los galaicos, la lealtad hasta ahora mostrada de nada vale si todo se echa a perder con una traición, por minúscula que sea. El día en que el desventurado magistrado tuvo la ocurrencia de hacer a una ministra de este padrino de guardarropía "partícipe a título lucrativo" en la trama Gürtel, su destino quedó escrito. Le quitarán el juzgado como al pobre Moe Greene le dejaron sin casino. Los sicarios harán oídos sordos a la alegación de que él no tiene la culpa de que el Código Penal utilice tan feas palabras, "partícipe a título lucrativo", para referirse a algo tan inofensivo como es beneficiarse de un delito sin tener ni idea de que se cometió. Habrá una Connie que recuerde que questo povero disgraziato ha tenido el detalle de mantener en prisión preventiva a Luis Bárcenas a pesar de que el único delito del que se le acusa es el fiscal y el de blanqueo de capitales que ha de llevar aparejado según la bizarra doctrina de nuestro Tribunal Supremo. Todo será inútil. Nada puede ya hacerse. La suerte está echada. Frankie Pentangeli se retractó ante el comité del Senado y a pesar de eso no tuvo otra salida que suicidarse.

Me gustaría saber si Grande-Marlaska, que hoy se sienta en las poltronas del Consejo, tendrá alguna palabra en favor de su compañero en un último intento por salvarle o se limitará a recordar cuánto le debe a haber aplicado a toda velocidad, subito, que diría Luca Brasi, la sentencia de Estrasburgo, no ya a la etarra afectada, sino a todos los que la Doctrina Parot hubiera rozado, tal y como exigía lo pactado con la banda etarra. Nada puede hacerse. El sistema exige que todos sepan qué ocurre con quien se desmanda. No puede haber clemencia. Ha de hacerse lo que ha de hacerse. No es nada personal, sólo negocios.

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