Mariano Rajoy

La regeneración de mentirijilla

Emilio Campmany

Algo ha ocurrido porque, como dice Pablo Montesinos, el discurso de Rajoy es radicalmente distinto al de antes de las europeas. Hay que mejorar la calidad democrática del sistema, dice el nuevo lenguaje pepero. La idea de Arriola de agitar el espantajo de Podemos en las televisiones parece que no garantiza la vuelta al redil del electorado del PP. Lo primero que ha propuesto Rajoy es que los alcaldes sean elegidos directamente. Está muy bien, pero no es lo más urgente. Bueno, quizá sí, porque, como muy bien recuerda Montesinos en su crónica, muchas importantes alcaldías, hoy en manos del PP, peligran y el modo de asegurarlas sería que ya no fuera necesaria la mayoría absoluta de concejales y bastara ser el candidato más votado.

Lo demás apenas está atisbado, lo que demuestra que la ideada regeneración está en pañales, por mucho que Rajoy prometa tener lista una batería de reformas para septiembre. Se habla de disminuir el número de aforados y de, aunque Rajoy no lo ha mencionado, disminuir el número de diputados autonómicos, una idea dirigida a perjudicar a los nuevos y de rechazo también a los viejos partidos pequeños.

¿Es creíble este propósito de enmienda? No tiene sentido dudar de que algunas reformas se llegarán a emprender si de verdad se han convencido de que son necesarias para recuperar los millones de votos perdidos. La cuestión es si, de hacerlas, se harán con la profundidad necesaria. Lo más probable es que no. Es posible que de verdad quieran que el alcalde sea elegido directamente por los votantes, pero será por las razones apuntadas, las mismas que impedirán el consenso con el PSOE, que aspira a desbancar al PP de las grandes ciudades a base de alianzas poselectorales con IU, Podemos y nacionalistas. En lo demás, la cosa no pasará de ser un lavado de cara. Lo demuestra el que, en lo del número de aforados, de momento lo que han hecho ha sido aumentarlo. Podían haber aprovechado la ocasión y, con la misma urgencia con la que han aforado al rey abdicado, haber reducido drásticamente la lista de privilegiados. Ni se les pasó por la cabeza. En cualquier caso, la prueba de que no hay verdadera voluntad regeneradora se encuentra en lo que han hecho con el Consejo General del Poder Judicial.

La elección directa de los alcaldes, la limitación del número de aforados o de diputados autonómicos pueden ser convenientes. Pero lo verdaderamente urgente es tener un poder judicial independiente porque es ahí donde el sistema no es que falle, es que se hunde. El PP prometió esa reforma, y Rajoy no sólo la ha incumplido, sino que ha apuntalado el control político de los altos cargos de la magistratura, que es lo que explica que, con todos los escándalos que han estallado, el único político encarcelado sea Bárcenas. Mientras se nieguen a someterse a una Justicia independiente, lo demás no serán más que fuegos de artificio. Y con la pólvora mojada.

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