Justicia

La querella vacilante

Emilio Campmany

La crónica oficial nos cuenta que el Gobierno no creía que Mas se atrevería a celebrar la consulta. Que Rajoy, cuando vio que sí se atrevía y encorajinado por el desaire, exigió a la Fiscalía que interpusiera la querella que hasta ese momento había estado frenando. Que entonces el fiscal general se encontró primero con los inconvenientes, luego con las resistencias y finalmente con las negativas de la Fiscalía Superior de Cataluña. Hasta hoy, que parece que la querella será finalmente presentada, aunque yo no apostaría.

Pues bien, ésta no es toda la verdad.

Si es cierto que el Gobierno estaba convencido de que Mas no se atrevería a seguir adelante, ¿a qué enviar a nadie a negociar nada tan sólo unas horas antes de la consulta? Si a negociar fueron representantes de los dos grandes partidos, sería porque se iba a hablar de importantes reformas que exigen amplio consenso, y si se pretendía que fuera secreta sería porque se iban a ofrecer cosas que al resto de los españoles no nos iba a parecer bien que se ofrecieran. Quiero decir que el Gobierno sabía mejor que nadie que Mas iba a seguir con su machada y precisamente por eso, para ver si conseguían detenerle, enviaron a dos negociadores a ofrecer pasta, blindajes de competencias y probablemente también el reconocimiento constitucional de la nación catalana. Naturalmente, Mas, como hábil chantajista que es, sabe que su fuerza negociadora reside precisamente en seguir adelante, no hasta que le prometan nada, sino hasta que le den lo que esté pidiendo, que no nos dicen lo que es para que fuera de Cataluña no nos soliviantemos aún más.

Al ver el Gobierno que se rechazaba su oferta, decidió hacer lo que hace todo negociador cuando el otro desdeña la zanahoria, que es sacar el palo. Pero como Rajoy es vengativo, mas también medroso, decidió recurrir a la querella a su estilo, controlando magistralmente los tiempos, esto es, después de que el Consejo de Estado y el Tribunal Constitucional hubieran ya sido irremediablemente ultrajados y humillados. Lo que no calculó es que, igual que él puede en un determinado momento presionar a la Fiscalía General, primero para que no actúe y luego para que lo haga, nadie impide a Mas hacer lo propio con la Fiscalía Superior de Cataluña. No digo que los fiscales no hagan lo que creen que deben hacer, sólo me pregunto que, si los Gobiernos presionan a los fiscales, por qué va a ser sólo el de la nación el que lo haga, pudiéndolo muy bien también hacer el de Cataluña con los que residen y viven allí.

Lo crucial no es la querella. Ésta no es más que una ficha con la que negociar. Lo verdaderamente importante es lo que están negociando por debajo de la mesa y que no tiene nada que ver con la propuesta de reforma presentada por el PSOE. Ésta no es más que el pretexto para abrir el melón constitucional. Luego vendrá la que nos están preparando.

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