Alakrana

La patata caliente

Emilio Campmany

En mayo del año pasado, el Rey nos dijo que "[Zapatero] sabe muy bien en qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas". No sé si Su Majestad habrá hoy cambiado de opinión. A lo mejor, la próxima Nochebuena descubrimos en las entretelas de sus palabras un signo de arrepentimiento, un reconocimiento de su equivocación. Sería lo mejor del discurso. Porque, la situación es tan mala, el caos de tales proporciones, la incompetencia de los ministros, incluida María Teresa Fernández de la Vega, tanta, que si resultara que el Rey tenía razón y Zapatero supo entonces y ahora "muy bien en qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas" sería mucho peor que el que no tuviera ni idea.

Lo del Alakrana es paradigmático. Para conseguir la liberación de los marineros españoles, alguien va a tener que cometer algún delito que otro, además del de encubrimiento que conlleva pagar el rescate. Es verdad que, quien lo haga, lo hará con la eximente de estado de necesidad, la situación a la que se ve abocado quien debe cometer un mal (pagar el rescate y sustraer a la acción de la Justicia a unos delincuentes) para evitar otro mayor (el asesinato de los marineros secuestrados). Pero es el juez, y no el delincuente, quien tiene que apreciar si concurre o no la eximente. Y claro, sucede que en el Gobierno nadie tiene lo que hay que tener para cargar con el muerto.

El presidente le pasa la patata caliente a De la Vega. De la Vega se la pasa a Chacón, que para eso es ministra de Defensa. Chacón dice que su gente ya dijo que no había que haber traído a los piratas, que eso se hizo porque De la Vega se empeñó. Y De la Vega le pasa el mochuelo a Justicia. Justicia dice que se hará lo que se tenga que hacer, pero no dice qué es lo que hay que hacer. Y entonces, tercia Zapatero. ¿Y qué se le ocurre a Zapatero? Pasarle la tostada a Moratinos. Y Moratinos hace lo único que sabe hacer, negociar diplomáticamente. Como una negociación diplomática sólo puede hacerse con un Gobierno soberano, acude al Gobierno Federal de Transición de Somalia, que ni es gobierno, ni federal ni de transición. Al cabo de los días se descubre lo que todos ya sabían, que Somalia no tiene un gobierno digno de tal nombre. Entonces, vuelve a intervenir De la Vega, de vuelta de un cursillo de peronización en Argentina, y dice que todo se hizo con respeto a la ley y que el Gobierno es solidario. Y resulta que el problema no es que todo se haya hecho hasta ahora con respeto a la ley, que es cosa más que dudosa, sino que lo que hay que hacer en el futuro para que liberen a los marineros no va a ser nada respetuoso con la ley y nadie, y menos que nadie Zapatero y De la Vega, quiere asumir la responsabilidad de hacerlo.

De manera que, si fuera verdad que Zapatero sabe muy bien en qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas, sería para echarse a temblar. Y el PP, a su bola, matando al padre (Aznar) y viendo a ver cómo hace lo propio también con la madre (Aguirre).

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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