Gibraltar

La ocasión de Margallo

Emilio Campmany

Para los políticos, a veces la oportunidad de demostrar su talento se presenta al final de una larga espera. Churchill tenía 65 años cuando fue elegido para conducir a su nación hasta la victoria en la más grande de las guerras que la humanidad ha padecido. Adenauer, el modesto alcalde de Colonia durante la República de Weimar, tenía 73 cuando fue llamado a dirigir la suya en el momento más difícil de su historia.

España no pasa todavía por momentos tan trágicos como los de la Gran Bretaña de 1940 o la Alemania de 1949. Ni el desafío británico a cuenta de Gibraltar es mínimamente comparable con aquellos a los que tuvieron que hacer frente Churchill y Adenauer. Tampoco es probable que José Manuel García-Margallo, que cuenta 68 años, tenga que vivir momentos tan trágicos como aquéllos. Pero si cada día tiene su afán, cada época tiene su ocasión, y hoy nuestro ministro tiene una gran oportunidad. Y la tiene no tanto porque el subsecretario permanente del Foreign Office haya llamado a nuestro embajador en Londres, Federico Trillo, para protestar por no sé qué incursiones en aguas próximas a Gibraltar, sino por lo que se dice y sobre todo por cómo se dice en la nota hecha pública por el Gobierno británico.

Lo que habría que contestar es que el Reino de España no se dignará a responder la susodicha nota mientras no se subsanen sus obvias incorrecciones. A saber:

  1. No existen aguas territoriales de Gibraltar. Los barcos que entran y salen del Peñón, mientras no realicen actividades ilegales, no serán importunados por la Marina española, a fin de que Su Majestad británica pueda disfrutar de su colonia en los términos establecidos en el Tratado de Utrecht.
     
  2. La llamada Royal Gibraltar Police no tiene autoridad alguna en aguas que son, en todo caso, de soberanía española. Corresponde a nuestras autoridades valorar qué barcos deben o no ser interceptados y, en su caso, abordados, según los indicios que posean de que sus tripulantes o pasajeros pudieran haber cometido algún delito, falta o infracción según la legislación española.
     
  3. Gibraltar no es un sujeto de derecho internacional distinto al Reino Unido y a España. Los conflictos relativos a la colonia han de ser resueltos por las dos únicas partes interesadas en ellos.
     
  4. El pueblo de Gibraltar no existe. Si el Reino Unido quiere otorgar a sus habitantes la condición de ciudadanos británicos con las limitaciones que el Gobierno de Su Majestad desee imponerles, es muy dueño de hacerlo. Pero, dado que Gibraltar no es sujeto de derecho internacional, tampoco cabe hablar de pueblo de Gibraltar. En tanto estas incorrecciones no se subsanen, el Gobierno del Reino de España no discutirá nada relacionado con la colonia británica, en general, ni la nota recién entregada, en particular.

Qué envidiable obligación tiene hoy García-Margallo. Veremos si está a la altura. 

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