La modernidad

Emilio Campmany

Qué razón tenían esos dos faros que son Felipe González y Juan Luis Cebrián cuando dijeron que el futuro no era lo que fue. Antes daban el Nobel de Literatura a petardos como Faulkner, Hemingway o Thomas Mann. Ahora se lo dan a Bob Dylan. Aquí ya no basta sentar a Cebrián en la Academia, sino que habrá que darle el Cervantes a Sabina. En la política pasa lo mismo. Está muy bien analizar qué paraguas llevaba tal o cual preboste y quién le ofrecía a quién resguardo bajo el suyo. Pero no estaría de más esforzarse en ser un poco más modernos.

Es lo que hace con espectacular chispa el socialista Ignacio Varela, que ha dado con la fórmula magistral para sacar a su partido del dilema de tener que elegir entre abstenerse en la investidura de Rajoy o propiciar unas terceras elecciones. El sutil hallazgo es una de esas ocurrencias geniales cuya brillantez está en su pasmosa simplicidad. Dice el hábil estratega que no hay que abstenerse, basta que se ausenten del hemiciclo once socialistas y así Rajoy será presidente con el no de los que queden presentes. Es cierto que algunos, con muchas menos luces que Varela, ya habían adelantado esta solución, pero es de justicia reconocer que ninguno lo ha hecho con tanta brillantez.

Aunque parezca imposible, hay más cosas destacables en el clarividente artículo. ¿Por qué no debe el PSOE forzar unas terceras elecciones? Pensarán algunos que el objetivo es impedir el batacazo que auguran las encuestas, sobre todo si se considera que a día de hoy el partido está descabezado. Mentira. Dice Varela que hay que evitar las urnas por el bien de España y porque es lo que la gente quiere. Es lo que tienen los socialistas, que siempre piensan antes en España que en su partido. ¿Y por qué han de abstenerse unos pocos mediante una oportuna ausencia en vez de abstenerse temerariamente todos? Se equivocan quienes creen que la forma en que el PSOE respalde a Rajoy es lo de menos y que lo que importa es el resultado. Varela nos explica con preclara visión que no, que yéndose sólo unos pocos constará que Rajoy ha sido investido con la oposición del PSOE. Es esencial evitar la imagen de un inmaculado PSOE apoyando al corrupto PP. Es una pena que, antes de tener Rajoy la oportunidad de manchar al PSOE necesitando su abstención, se encuentre éste sepultado en la gallinaza que le han arrojado tantos socialistas corruptos. Mucho más lo es que quien ofrece esta perspicaz fórmula sea uno de los que, aunque con ejemplar modestia, puso su cuota parte de guano cuando se benefició de una tarjeta black. Que la indulgente prescripción le haya salvado del banquillo no compensa la tristeza de ver su argumento tan injustamente desautorizado. Al menos, hay alguien que piensa con moderna inteligencia.

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