La "Internacional Soberanista"

Emilio Campmany

Informa El País de que Matteo Salvini está de visita en Polonia, tratando de incorporar a la derecha de ese país a "una suerte de Internacional Soberanista en Europa" que se supone liderará el propio Salvini. No es nuevo que la victoria de Trump y el Brexit han traído otros éxitos de la derecha populista, por emplear una expresión del gusto de lo políticamente correcto. Hasta España se ha unido a esa corriente por medio de la campanada de VOX en Andalucía. Sin embargo, es digno de analizar que los autores de la crónica hayan elegido el término soberanista. Según el libro de estilo impuesto por la actual directora del periódico, esta derecha, Salvini, Kaczynski, Orbán y los demás, es fascista. De manera que si se hubieran atenido al prisma con el que ven la realidad,habrían hablado de "Internacional fascista". Algo ha debido de pasar.

Quizá han pensado en la redacción que manosear tanto el adjetivo fascista para referirse a un fenómeno que tan poco tiene de tal puede acabar desacreditando los análisis del diario. Luego, había que buscar un calificativo que no estuviera tan alejado de la realidad. Pero, eso sí, tenía que ser suficientemente despectivo. Tachar al movimiento de "ultra" conlleva algo de desprecio, pero está muy manido y además se asocia a la extrema derecha, que, por definición, es fascista, y ya se han convencido de que este movimiento es otra cosa. También se le podía haber llamado neo-algo. Pero se corre el riesgo de acabar llamando a sus partidarios "neoconservadores", que, aunque refleja bien lo que son, podría llevar a confundirlos con los neocon norteamericanos, que no tienen nada que ver. Hablar de nueva derecha o derecha radical puede ser descriptivo, pero no es insultante, así que tampoco vale. Probablemente el que Salvini pertenezca a la Liga Norte, con su pasado secesionista y sus relaciones con el separatismo catalán, ha hecho que se les ocurra bautizar al movimiento como "soberanista". Es desdeñoso porque en España se emplea para referirse al golpismo catalán, tan teñido de racismo supremacista. Y se ajusta a lo que se quiere describir porque es una forma de aludir al deseo de sus miembros de independizar a sus naciones de los dictados de Bruselas. De hecho, tanto Italia como Polonia están enfrentadas a la Comisión Europea por la excesiva injerencia de ésta en asuntos de inmigración, presupuestos o justicia.

Se la llame como se la llame, la nueva derecha espera obtener un tercio de los escaños en las elecciones al Parlamento Europeo del próximo mayo. Si el pronóstico se confirma, no será por culpa de Trump ni de Salvini. Será por culpa de los partidos tradicionales, especialmente los de izquierda, que hace tanto tiempo que se olvidaron de la gente a la que dicen defender. Parafraseando a Alfonso Guerra, podría decirse que viene la derescha, pero no la derescha de los apellidos largos. Con esa derescha, los socialistas ya comparten los consejos de administración. La derecha que viene es otra y conecta mucho mejor con la gente. Y no lo entienden. Y por eso no saben cómo llamarla.

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