Cataluña

La independencia de Gila

Emilio Campmany

En la famosa y conocidísima cita de El 18 Brumario de Luis Bonaparte dice Marx que los grandes hechos y personajes se repiten siempre dos veces, una como tragedia y otra como farsa. Con la independencia de Cataluña pasa algo extraño, que se produce más de dos veces, pero siempre como farsa, nunca como tragedia, ni siquiera la primera vez, la atribuible a Estanislao Figueras, aquel sabio que a la vista de la deriva de la Primera República dijo eso tan sensato de "Senyors, ja no aguanto més. Vaig a ser-los franc: estic fins als collons de tots nosaltres!" y se largó a Francia despavorido. A mí, en mi modestia me pasa algo parecido, con la diferencia de que no me puedo ir a Francia. Y comparto asimismo la tribulación de doña Mònica Terribas porque no lo entiendo: ¿de quién son cautivos?, se pregunta la periodista y me lo pregunto yo mismo.

Y es que lo de que la consulta no es legal es cosa que se sabe desde hace tiempo. Que el Gobierno iba a recurrir al Constitucional, también. Ahora salta Artur Mas con que si se utiliza el padrón como censo podría la Generalidad ser denunciada por violar la ley de protección de datos. ¿Y qué? En Cataluña la Generalidad lleva lustros incumpliendo leyes españolas y jamás ha pasado nada. Por otra parte, si no quieren emplear el padrón y se encuentran sin censo, siempre pueden recurrir al sistema que emplean en Afganistán e Irak, untar el dedo en tinta de color índigo y así todo el mundo sabe que quien lleve el dedo a la nazarena ha votado. Ya sé que entonces Cataluña no daría la imagen de avanzada democracia que le gusta, pero más se perdió en Cuba. Y es que lo del dedo me parece mejor que eso de que los votantes se apunten en el momento de votar y que alguien tenga que introducir todos sus datos en una base informática que habrá que consultar cada vez que alguien se acerque a la urna para evitar que lo haga más de una vez.

Y luego, para que eso no sirva para nada y tener que hacer unas elecciones plebiscitarias y proclamar unilateralmente la independencia de Cataluña. Y abogan por esta solución con el peregrino argumento de que eso sí que es legal y que contra eso nada puede hacer el Estado español. Diga que sí, doña Mònica, esto no es serio. Cómo que el Estado no puede hacer nada. Claro que puede. Tanto o más que en el caso de la consulta. Aquí lo que pasa es que hay que darse más tiempo y retrasar el supuesto choque de trenes, pero manteniéndolos en la vía, para poder seguir negociando eso que de manera tan cursi llaman "el encaje de Cataluña en España", y que va a consistir en que España ya no será España sino España y Cataluña. Un sabio, don Estanislao Figueras.

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