PSOE

La hora de las facas

Emilio Campmany

Es impresionante la cola que ha traído la entrevista a Felipe González que el domingo pasado publicó El País. Los hay que tienen desde entonces al ex presidente por confeso y quieren verlo también convicto. Otros, como Rafael Vera, ven en él la altruista intención de atraer las balas sobre sí mismo para sacar de la línea de tiro a Rubalcaba. Y algunos, como los barones socialistas, no ven en ello más que un error.

Lo que no cabe dudar es que reconocer que el gatazo no tenía límites morales a la hora de cazar ratones y que sólo se imponía consideraciones estratégicas con total desprecio a las leyes es algo que perjudica gravemente al PSOE, al de aquellos años y al actual. ¿A qué entonces volver a sacar ahora el tema del GAL, que es, entre los recientes, el muerto más pestilente de los muchos que abarrotan el armario de los socialistas? La aparente metedura de pata ha obligado a Juan Luis Cebrián a sacar, a toro bien pasado, un editorial defendiendo a su amigo (y de paso a Rubalcaba) con la vieja tesis de que lo del GAL fue algo que González se encontró ya en marcha, con otro nombre, al llegar a La Moncloa y que el estadista se limitó a liquidarlo tan pronto como pudo. Olvidan en la calle Miguel Yuste que quienes acabaron con el GAL fueron algunos jueces y periodistas y nadie sabe qué hubiera ocurrido sin sus investigaciones.

Pero interesa plantearse si Rafael Vera tiene razón y si será verdad que Felipe González está haciendo todo esto para proteger a Rubalcaba. Casimiro García Abadillo, el martes pasado, decía lo mismo: "La intención de González es rehabilitar a una generación marcada por aquellos años de oprobio. Preparar el terreno para uno de los suyos (Rubalcaba), en la convicción de que Zapatero no llegará a 2012".

No me lo creo. Es posible que al sevillano le importe una higa Zapatero, Rubalcaba y el futuro de España y lo único que quiera es dejar bien claro que sí, que fue él quien dirigió el GAL, prefiriendo a estas alturas pasar por inmoral que por incompetente (aunque cuando había posibilidad de que tuviera que responder penalmente eligió lo contrario). El caso es, me parece a mí, que llevar ahora a la primera página de los periódicos los asesinatos del GAL no es el mejor modo de proteger a Rubalcaba, pues es el único socialista con alguna responsabilidad en todo ello que sigue en activo.

Yo creo que, Rubalcaba, una vez firmada una alianza con José Blanco, amortajado Bono en sus áticos, amenazada Chacón con el chalé en el Caribe y ninguneado Zapatero, sólo tiene enfrente al viejo felipismo. Que él sea parte de él no significa que goce de su protección. La vieja guardia debe de tener su propio candidato. Así que muy bien podría haber decidido el ministro del Interior actuar por su cuenta con la ayuda de Jáuregui y Blanco. Perdió la batalla de Madrid, que los felipistas vencieron apoyando a Tomás Gómez. Pero el astuto cántabro les ha devuelto la jugada convenciendo a Zapatero de que se aparte y le entregue todo el poder. Los felipistas contraatacan sacando a relucir el GAL, que es lo peor que podía ocurrirle al todopoderoso vicepresidente. Veremos con qué maniobra responde éste. Como decía ese viejo comentarista de Fórmula 1, si pestañean, se lo van a perder.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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