ETA

La herencia envenenada

Emilio Campmany

Este miércoles, supimos que Zapatero había visitado al ministro del Interior, Jorge Fernández, en su despacho de Castellana, 5. Sabemos pocas cosas del encuentro, que fue secreto, aunque obviamente no mucho, que se celebró a petición del expresidente y que hablaron de la ETA. Todo suena a chino.

Para empezar, lo lógico es que cualquier cosa que tuviera que comentar el anterior Gobierno al nuevo ministro del Interior sobre la ETA se lo transmitiera el anterior titular, Antonio Camacho o, a los sumo, su antecesor, Alfredo Pérez Rubalcaba. Si se trata de algo que sólo Zapatero conoce, lo normal es que lo hable con Mariano Rajoy. Pero, el expresidente ya tuvo un encuentro de dos horas a solas con él. Una de dos, o se olvidó de algo o hay novedades que comunicar. En ambos casos, lo corriente es que Zapatero llame al presidente del Gobierno y no al ministro. A lo mejor, lo que ocurrió es que, en efecto, llamó a Rajoy y éste lo remitió a Jorge Fernández y, sorprendentemente, se avino a ser recibido por un subordinado. Muy raro todo.

Pues si las formas son insólitas, da miedo imaginar el contenido. Da toda la impresión de que, mientras estuvo en el Gobierno, el único que tuvo bajo control todos los flecos de la negociación con ETA fue Zapatero. Rubalcaba también tuvo que estar en el ajo, al menos mientras fue ministro. En el PP, los que recibieron información, y lo más probable es que no la compartieran con nadie del partido, debieron de ser Rajoy y Trillo, pero cada vez me parece más probable que lo que les contaron fue la mitad de la mitad.

Es obvio que el supuesto abandono de las armas por parte de ETA ha tenido un precio político, por lo menos, el de permitir la vuelta a las instituciones de Bildu y Amaiur y el acercamiento de presos. Sin embargo, cabe sospechar que el expresidente hizo más promesas para que la ETA no vuelva a matar. Se me ocurre la constitución de la mesa de partidos vascos para hablar de la anexión de Navarra y del derecho de autodeterminación. Y me barrunto que fue la necesidad de comunicar al nuevo Gobierno la seriedad de esos compromisos, y de la amenaza de la ETA para el caso de que quedaran incumplidos, lo que impulsó a Zapatero a reunirse con Fernández.

Rajoy intentará nadar y guardar la ropa, esto es, afirmar solemnemente su voluntad de no ceder a la vez que hace secretas concesiones con las que mantener a la ETA todo lo calma que pueda. Sin embargo, al final, tendrá que elegir entre una de dos, o aceptar la herencia de Zapatero y negociar cómo se cede lo que el expresidente se comprometió a ceder o renegar de esa herencia y arriesgarse a que ETA vuelva a matar. Bonito legado.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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