La guerra fría que viene

Emilio Campmany

La mayoría de los españoles creemos que, cuando esto pase, todo volverá a ser igual que antes. Puede que haya una crisis económica, pero también saldremos de ella. No es así. Las cosas no volverán a ser como antes. Para empezar, se está haciendo patente que no es sensato dejar que sea China la que fabrique la mayoría de los medicamentos y productos sanitarios. Y la revisión afectará a muchos otros productos de mayor o menor importancia estratégica. Por otra parte, aunque en Europa seamos más permeables a la propaganda china, en Estados Unidos, da igual que sea presidente Trump o no, la reacción va a ser recrudecer la guerra comercial. La consecuencia será que China ya no será capaz de vender tanto como antes.

Todo esto provocará graves descontentos en el interior del país asiático. De hecho, ya antes de la pandemia, el simple paso de un crecimiento de dos dígitos a otro de uno ha hecho que el gigante se tambaleara y que en Hong Kong empezara una grave revuelta. El ansia de libertad amenazaba con contagiarse al resto del país conforme el Partido Comunista Chino se mostraba cada vez más incapaz de cumplir su parte del contrato, el de dar bienestar a cambio de libertad. Es verdad que el Gobierno chino está intentando sacar provecho de la crisis con una campaña de propaganda sin precedentes. Pero no basta predicar, hay que dar trigo. No es sólo que no hay quien se crea sus cifras de infectados y fallecidos. Ni la tontería esa de que el virus fue propagado por soldados norteamericanos de visita en Wuhan. Está la evidencia de que el responsable último de la pandemia es el Gobierno chino. Y encima, cuando tienen que ganarse el agradecimiento de Occidente para venir a salvarnos del mal que su torpeza ha desencadenado, lo que envían son tests que no funcionan. El "Made in China" no sólo es garantía de bajo precio, también de baja calidad. Lo barato sale caro.

Si China ve mermadas sus exportaciones, todo su proyecto se vendrá abajo. Un Deng Xiaoping que se conformaba con que su país se enriqueciera nunca habría llevado a China hasta aquí. Pero para Xi Jinping el dinero nunca fue un fin, sino un medio para que su país se convirtiera en líder mundial en perjuicio de Estados Unidos. Las actividades en el Mar del Sur de la China, el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, las inversiones en países opuestos al orden mundial vigente no están dirigidas a recibir rentas en dinero, sino a extraer ventajas estratégicas. Antes de que la economía china se desplome, Pekín tratará de darle la vuelta a la tortilla aprovechando la grave crisis a la que se encamina Estados Unidos gracias al virus salido de un mercado de Wuhan. Cuando la epidemia pase, Estados Unidos responderá.

La guerra chino-estadounidense será con toda seguridad fría, pero será una guerra. Y uno de los teatros de operaciones más importantes será Europa, donde se librarán batallas económicas y de propaganda no siempre incruentas. No, el mundo ya no será como antes. Y para movernos en el que viene necesitamos gobernantes serios y responsables y no fifiriches de tres al cuarto como los que hemos padecido la última década y media. A ver cómo nos las apañamos para encontrarlos, conseguir que se presenten a las elecciones y votarles.

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