La finlandización del PSOE

Emilio Campmany

Las primarias del PSOE han sido más un fracaso del aparato que un éxito de las bases. Susana Díaz no ha sabido o no ha querido defender su opción apelando a las razones que tuvo para destronar a Pedro Sánchez. Podía haber dicho que entregarle la presidencia del Gobierno a Rajoy no era algo irrevocable para el PSOE ya que el PP es el adversario susceptible de ser derrotado en unas futuras elecciones. Podía haber añadido que, en cambio, entregarse a Podemos, da igual que sea tratando de disputarle su electorado con las mismas propuestas que acordando con ellos alguna clase de alianza, significaba claudicar irreversiblemente ante el verdadero enemigo. Sin embargo, para que el argumento hubiera sido creíble, el aparato debería haber roto todos los pactos que permiten al PSOE gobernar algunas alcaldías y Comunidades Autónomas. Y está claro que algunos barones, los que más han despotricado de Pedro Sánchez, no estaban dispuestos a asumir tamaño sacrificio. Al final, las bases han comprendido que, si de lo que se trata es de entenderse con Podemos, vale más ser dirigidos por quien defiende esta opción de forma más franca.

En cualquier caso, con Pedro Sánchez no hay duda de que la misión del PSOE será la accesoria de redondear mayorías con Podemos allí donde sea necesario asumiendo su programa y sus ideas, incluida la de que España no es más que la unión, casi arbitraria y por supuesto temporal, de diferentes naciones, cada una con su respectivo derecho a decidir su destino. Las consecuencias de esta comunión son varias. Para España, supone incrementar exponencialmente el riesgo de romperse. Pero, cabe la posibilidad de que a los muchos socialistas que han elegido ser conducidos por Pedro Sánchez a los verdes prados podemitas les importe un pito que España se quiebre. No obstante, deberían darse cuenta de que así el PSOE acabará siendo el socio minoritario de la alianza porque es Pablo Iglesias el que impone el ideario y Pedro Sánchez quien lo suscribe. Los comunistas harían con ellos lo que los socialistas hacían con Izquierda Unida, servirse de ella para redondear mayorías allí donde fuera necesario, dándole algunos cargos menores y acogiendo a algunos militantes rebeldes a cambio de que asumiera sin rechistar el programa socialista. Y el electorado del PSOE acabará haciendo lo que en su día hizo el de IU, esto es, dándose cuenta de que va a dar igual votar por unos que por otros, mejor hacerlo por el que manda.

En la agencia de colocaciones que desde tiempos de Felipe González siempre fue el PSOE, han preferido asegurarse de que habrá a corto plazo algún carguito que repartir a cambio de renunciar a tener un ideario propio. No se dan cuenta de que, cuando lleven a Pablo Iglesias al Gobierno, da igual en calidad de qué, se hará con todo el poder y el PSOE no será más que un adminículo del comunismo bolivariano que hoy ya es la única alternativa real al PP de Mariano Rajoy.

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