Partido Popular

La estrategia del derrotismo

Emilio Campmany

El Mundo de este martes dice que Mariano Rajoy está muy preocupado con las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo. Qué noticia que Rajoy esté muy preocupado por algo. El caso es que las encuestas apenas dan al PP un 30 por ciento de los votos, un porcentaje que significaría perder buena parte de las alcaldías importantes, salvo que la reforma electoral logre rescatar de la quema a alguna de ellas. Naturalmente, una de las plazas más significativas es Madrid. Ana Botella ha decidido madrugarle al partido y ha comunicado que no será candidata. Quizá Rajoy ya acordó que no lo sería y ha dejado a la alcaldesa presentar la decisión ajena como propia. Pero no lo creo, porque la información de El Mundo añade que al presidente del Gobierno no le agobia decidir quiénes serán los candidatos, que es cosa que muy bien podría quedar para el final, allá para el mes de abril, cuando termine el plazo para proclamarlos. Es un error.

Y lo demuestra lo ocurrido en las europeas. También allí, el maestro de los tiempos, el sacerdote de Cronos, dijo que no había prisa para decidir quién encabezaría la lista del PP y luego acabó señalando con su mágico dedo a quien todos ya sabíamos. Quizá se dio el gustazo de tener en vilo a media docena de ingenuos que en su fuero interno se creyeron capaces de atraer la cansina mirada del adormecido presidente. Pero, a cambio de tan fatuo placer, tuvo al partido sin una cabeza que pudiera hacer campaña durante los duros meses previos a las elecciones. No digo que la culpa del pésimo resultado del PP en las europeas sea consecuencia de ese retraso. Digo que no ayuda. Veamos el caso de Madrid.

Aquí, en la capital, Botella dice que no se presenta y Aguirre está implicada en un caso de desobediencia a unos policías municipales que, sea delito o falta, es inaceptable en un político, porque son ellos los que dan a los agentes esa autoridad a la que estamos sometidos los demás. ¿Quién será entonces el candidato del PP? No se sabe. Y probablemente no se sabrá en mucho tiempo. Eso dará la oportunidad a los otros de hacer campaña sin rival, arreándole al PP y a sus políticas sin que nadie se sienta obligado a contestar. Es posible incluso que este comportamiento, tan abiertamente contrario a los intereses del partido, haya encontrado apoyo en una nueva teoría de Arriola, ducho en decir al señorito no lo que le conviene sino lo que quiere oír. Don Pedro ha podido argumentar que no tener candidato hasta el final tiene la incontrovertible ventaja de que, mientras no lo haya, los demás no se pueden meter con él, ni buscar muertos en su armario. Y a lo mejor tiene razón. Deberían llevar la estrategia hasta sus últimas consecuencias en las próximas elecciones generales y presentarse sin candidato. El señor Nadie sacaría sin duda mejores resultados que Rajoy.

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