La 'esquerrización' de España

Emilio Campmany

A Gabriel Rufián le fastidia que en las ruedas de prensa que da en el Congreso de los Diputados le pregunten cosas que en Cataluña ya no le pregunta nadie. Llevan tanto tiempo, ellos y el resto de separatistas, gobernando dictatorialmente su región que les parece intolerable tener que estar fuera de ella sometidos al escrutinio de la prensa libre. Y ¿qué se les ocurre? Después de haber acabado con ella en Cataluña, quieren hacer igual con la del resto de España. Para lograrlo, cuentan con el mismo aliado que tienen allí, la versión charnega del PSC, esto es, el PSOE, que como su hermano mayor catalán está encantado de verse obligado a atacar a la prensa libre que no es de su cuerda. Y por eso el Grupo Socialista en el Congreso firmó presto la conminación a la Presidencia de la cámara para que meta en cintura a los periodistas que no quieren enterarse de qué es lo que hay que preguntar y de cómo hay que informar.

Podría pensarse que esta disposición del PSOE a hacer en el resto de España lo que el PSC permitió hacer en Cataluña es una idea de Sánchez consecuencia de su dependencia de los independentistas para gobernar. Nada de eso. La cosa viene de antiguo. Felipe González, ese faro que hoy tantos españoles toman por guía, esperaba que su PSOE fuera en España lo que el PRI fue para México, el partido que siempre gana las elecciones en el marco de una democracia tan sólo aparente. Cuando Aznar le derrotó en unos comicios, se dio cuenta de que el PSOE no podría imponer ese régimen por sí solo, y pensó que para tal proyecto necesitaba una alianza con los nacionalistas, esto es, los separatistas de todo pelaje que pueblan nuestro castigado país. Zapatero, con su arbolaria cabeza, acogió la idea, pero limitó la alianza a los independentistas de izquierda y la amplió a los extremistas también de izquierda. Todos ellos acudieron prestos a las urnas a darle la victoria en 2008. A pesar de todo, en 2011, el PSOE volvió a perder unas elecciones. Rubalcaba, absurdamente añorado por la derecha, hizo suya la idea y trató de refinarla. A ello respondió la tendenciosa Declaración de Granada en 2013, a la que Iceta y Sánchez quitaron la careta con la infame de Barcelona en 2017.

Y ahora que han vuelto al poder quieren conservarlo gracias a la misma alianza con separatistas y comunistas, pero mejor apuntalada y cimentada, hasta hacer la victoria de la derecha imposible. Han concluido que el secreto está en hacer lo que se hizo en Cataluña, porque allí sí se ha conseguido que siempre ganen los mismos a pesar de llevar decenios empobreciendo y batasunizando la región. Un modo de hacer que podríamos llamar esquerrizar. Eso exige hacer muchas cosas. Una de ellas, muy importante, es callar, silenciar y censurar a la prensa opositora. A eso responde la petición hecha por el PSOE y sus aliados a la Presidencia del Congreso. Y en esas están.

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