Italia

La dulce derrota de Berlusconi

Emilio Campmany

No descubro nada si digo que Italia es el país de las paradojas. En estas elecciones, también. Así ocurre que la esperanza de Pier Luigi Bersani, el líder de la coalición de centro-izquierda, era que su triunfo no fuera absoluto para verse obligado a gobernar con Mario Monti y justificar así una política de reformas de la que el electorado de izquierdas no quiere ni oír hablar. Es precisamente la sospecha de que ésta era la intención del excomunista lo que ha hecho que la izquierda genuina se apresurara a votar a Beppe Grillo, un cómico que se ha puesto al frente de una especie de movimiento 15-M. El plan de Bersani sin embargo se basaba en la convicción de que Monti obtendría un resultado aseado. Sin embargo, a la hora de la verdad, el tecnócrata se ha dado un costalazo de tales proporciones que sus escasos votos no bastan para completar una mayoría con los del centro-izquierda. De forma que ahora el pobre Bersani tiene que elegir entre gobernar con Beppe Grillo, para espanto de todo el establishment italiano y europeo, o forzar unas nuevas elecciones, que se ve que podría perder.

La actitud de Berlusconi no es menos paradójica. Con su discurso populista y euroescéptico no pretendía tanto ganar como comerle a Monti todos los votos que pudiera por su derecha, contando con que el muy moderado discurso de Bersani se los comería, aun sin querer, por la izquierda. El rijoso ex primer ministro ha perdido por poco, pero parece encantado con este resultado que obliga a Bersani a gobernar con Beppe Grillo y defraudar así el voto moderado que ha elegido la opción por así decir seria que el exministro de Prodi representa. Por eso de lo que se habla ahora en Italia no es de coaliciones, que se figuran imposibles entre dos de los tres vencedores –Bersani, Berlusconi y Grillo–, sino de nuevas elecciones. Incluso se dice que esa nueva llamada a las urnas lo sería bajo una nueva ley electoral, dado que la vigente ha arrojado un resultado que aboca Italia, como siempre, a la ingobernabilidad.

El caso es que eran cuatro y ahora son sólo tres. Berlusconi ha conseguido mandar a Monti al Aventino. Queda por ver a dónde irán los pocos votos que el antiguo comisario ha podido reunir, si es que se repiten las elecciones. Podrían decantarse por la izquierda seria de Bersani o por la derecha populista de Berlusconi. Ahora, si el centro-izquierda cae en la tentación de coaligarse con Grillo y forman gobierno, los votos de Monti y algunos de los que hoy han votado a Bersani se irán a la buchaca del cavaliere si esa alianza, como es previsible, no cuaja y hay en pocos meses nuevas elecciones. Por eso se les ríen los huesos a los del PdL al ver a Bersani teniendo que entenderse con Grillo. En España, la derrota siempre es amarga, pero en Italia, al menos en este caso, podría ser dulce. Chi lo sa?

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