Estatut

La danza de los ineptos

Emilio Campmany

Desde que se supo que María Emilia Casas no era capaz de sacar una sentencia que salvara la constitucionalidad del estatuto de Cataluña con apenas un tirón de orejas, los socialistas catalanes no paran de aparentar que se pelean con sus correligionarios del resto de España. Para que la escena sea creíble se han dedicado a exigir algunas estupideces, que, además de serlo, se contradicen unas a otras. Piden que el Tribunal Constitucional se abstenga, porque ningún juez puede resolver acerca de la constitucionalidad de una ley que, como el estatuto, ha sido aprobada por dos parlamentos y ratificada en referéndum. Piden que se renueven los cargos del Tribunal que se encuentren vencidos. Y piden que los magistrados cesen automáticamente una vez transcurrido el plazo para el que fueron nombrados.

Y en todo esto caen ahora. Podían haberlo dicho antes. Podían haberse opuesto a que se prorrogara indefinidamente el cargo de María Emilia Casas, que, junto con otros, tenía que haber cesado a finales de 2007. Es tan burdo, tan obvio, tan grosero lo que quieren, que vergüenza da explicarlo. Creyeron que este tribunal, con algunos cargos caducados y el de la presidenta prorrogado gracias a una ley inconstitucional, les daría la razón. Ha resultado que, como de ninguna manera la tienen, ni siquiera éste tan favorable a los socialistas es capaz de bendecir un producto tan ínfimo como el estatuto que han aprobado socialistas y nacionalistas al alimón. Y ahora es cuando se acuerdan que hay magistrados con cargos caducados, empezando por la propia María Emilia Casas, máxima valedora del perturbador texto.

Qué bonito. Jueces ad hoc, tribunales ad hoc y leyes ad hoc. Encima tienen la cara dura de filtrar que ahora lamentan no haber contado con el PP, reconociendo implícitamente que la mejor forma de saltarse la Constitución a la torera es hacerlo por consenso, como tantas otras veces han hecho.

Pero ¿qué hay detrás? ¿Tan necesario es el estatuto para Cataluña? En absoluto. Lo único que hay es que los socialistas quieren ganar las elecciones autonómicas de este otoño y una sentencia desfavorable les colocaría a las puertas del batacazo. Al menos tienen la ventaja de que CiU está casi tan comprometida con el estatuto como el PSC y no tiene más remedio que subirse a ese carro de disparates que conduce Montilla. Hay que ver lo torpe que estuvo Artur Mas. Habiendo tenido la oportunidad de desentenderse de ese bodrio que es el estatuto de Cataluña y pudiendo haber tenido ahora la oportunidad de decir "ya lo dije yo", se dejó convencer por Zapatero y ahora se ve obligado a acudir al grito de zafarrancho de Montilla para que el de Iznájar salve la cara.

Así que todos tienen que mantenerse en movimiento perpetuo hasta que las urnas se abran. Mientras los socialistas catalanes bailan el minueto con los del resto de España, Mas y Durán danzan su propia zarabanda haciendo como que están muy enfadados con el Constitucional y la Esquerra, que no sabe llevar el paso, se tira al monte a ver si así no se estrella definitivamente este otoño.

Todos quedan así expuestos, ad exhibendum, con su inepcia a la intemperie, pataleando, gimoteando y amenazando enrabietados, huérfanos de sentido común y ayunos de razón. Como siempre se dice que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece, los catalanes deberían plantearse si será verdad que merecen esto.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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