ETA

La cursilería del sepulturero

Emilio Campmany

No hace falta ser Mayor Oreja para darse cuenta de que el comunicado de ETA es una trampa saducea. Lo saben hasta las madres. Es posible que los españoles estemos tan hastiados del terrorismo y de las concesiones que se han ido haciendo durante estos más de treinta años que ahora estemos dispuestos a aceptar que se hagan unas cuantas más con tal de que dejen de matar. Y también que hayamos aceptado disimular y hacer como que nos creemos la pantomima de que la ETA se ha rendido. Pero, de lo que no cabe duda, es de que el pueblo español conoce la verdad. Si creyéramos en serio que esto es la derrota final de ETA, las celebraciones espontáneas en la calle no cesarían. Y aquí nadie ha celebrado nada. Sólo lo han hecho los abertzales proetarras y los políticos, a los que se ha unido la Casa Real, ésta última con un entusiasmo perfectamente descriptible. Las palabras del Príncipe dijeron lo que dijeron, pero el tono era de funeral.

Bien, juegan a eso. A hacer como que la ETA se ha rendido, a simular que hemos ganado, a fingir que todo se acabó cuando en realidad no ha hecho más que empezar. Mal está. Mal no, fatal. Es indignante, por más que la mayoría de los españoles se muestre indiferente, curados como están de todo espanto. Pero lo peor, lo estomagante e indigerible es lo cursis que se han puesto los socialistas. Hay que ver a Patxi López, el que conspiró en las sombras para arrebatarle la silla a Nicolás Redondo Terreros, lagrimeando en público. Hay que oír a Rubalcaba, el manipulador del 11-M, lloriquear como una virgen ofendida. Hay que leer a Eduardo Madina, el que alabó que el Constitucional le enmendara la plana al Gobierno en lo de Bildu, que "todo tiene para mí una enorme fuerza evocadora en esta extraña mañana, extraña por dulce, por distinta, por emotiva, en la que los cielos de este país se abren, como en la obra de Atxaga, y me dejan la sensación de que este largo viaje hacia el mismo fondo de la noche ya ha llegado a su fin".

¿Se puede ser más cursi? Se puede, se puede. La escena de Sonsoles apareciendo en la antesala del Consejo de Ministros con un ramo de flores para su marido es de desmayo por insufrible. Es como para que algún ministro, si es que queda uno con una brizna de dignidad, preguntara si las flores no eran crisantemos.

¿Queda todo en eso? Quia, todavía hay más. La Moncloa ha filtrado a la Ser que, conocido el comunicado de ETA, Zapatero llamó a su padre y le dijo que "ahora ya me puedo marchar tranquilo". Tranquilo no, tranquilísimo. Se puede marchar con el alma apaciguada como un bloque de hielo y el espíritu calmo como el Mar Muerto. Y su padre podría haberle preguntado: "Hijo, ¿es que no has tenido bastante?"

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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