La culta izquierda

Emilio Campmany

Está universalmente admitido que la izquierda, además de altruista, bondadosa y franca, es culta. En cambio, la derecha es egoísta, malvada e hipócrita y, por supuesto, ignorante y zafia. Uno de los atractivos que Podemos ha esgrimido casi sin querer entre su potencial electorado es precisamente disponer de una cúpula formada por profesores universitarios de contrastada cultura y acrisolados conocimientos. Si además resulta que casi todos han salido de la prestigiosa Universidad Complutense, no habrá quien dude de que los más preparados de todos los que se presentaron a las elecciones fueron los candidatos de Podemos.

Es por tanto natural que sus ideas, despectivamente tildadas de "rojadas", no sean un vulgar manojo de propuestas buenistas hechas al calor de un sol y sombra en una tasca de mala muerte, sino el producto de una profunda reflexión filosófica alrededor del complejo universo marxista. No se trata sólo de recuperar las viejas teorías de Marx convenientemente salpimentadas de leninismo. Estamos frente a una verdadera y propia actualización, una revisión crítica del marxismo para convertirlo en eficaz arma de transformación social en el siglo XXI. Qué más da que Iglesias ignore hasta el título de una de las obras de Kant, aunque sea una de las más cruciales de la historia de la filosofía. A fin de cuentas, Kant era un reaccionario, un tío de derechas. La obra que hay que empollar es la de Gramsci, que ése sí que sabía.

No crean que ese esfuerzo por moldear un marxismo creíble para el proletariado del siglo XXI es exclusivo de los brillantes profesores de la Complutense que han dado vida a Podemos. En Estados Unidos, sin ir más lejos, llevan años esforzándose por actualizar las ideas de la izquierda radical clásica. No me refiero al excesivamente tibio Noam Chomsky. No estoy pensando en el superficial Oliver Stone cuando nos cuenta cuán culpables son los Estados Unidos de haber ganado la Guerra Fría. Leyendo a Jeremy Black sobre geopolítica, he descubierto una nueva ola de geógrafos de izquierda, cuyas brillantes teorías no tienen nada que envidiar a las de nuestros jóvenes profesores marxistas. Por ejemplo, el escocés Neil Smith sostiene que la Guerra Fría fue provocada en los cuarenta por el enfrentamiento entre el capital norteamericano y su gobierno por el acceso a los mercados de trabajo y de bienes. Más brillante es su interpretación del 11-S, donde ha descubierto una mano negra capitalista que presentó lo que no fue más que un limitado atentado local como una agresión a toda la nación para poder justificar luego la guerra. La extraordinaria Jennifer Hyndman, por su parte, defiende la imposición de una geopolítica feminista que supere la violencia dirigida contra civiles inocentes y que es consecuencia del origen patriarcal, y por tanto machista, del Estado. Hay más ejemplos, pero éstos bastarán para probar que en todos sitios cuecen habas y que a todo hay quien gane. La única casi insignificante diferencia es que aquí, en vez de leerlos, les votamos.

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