La bondad del okupa

Emilio Campmany

Ya dice Xavier Trias que hay okupas y okupas. Estos que han desalojado en Barcelona son de los buenos. No hay más que ver las imágenes que muestran cómo ha quedado el barrio tras su desalojo para estar de acuerdo con quien fue alcalde de CiU. Es evidente que la nueva alcaldesa de Barcelona nunca debió dejar de pagar el alquiler que el Ayuntamiento satisfacía al propietario del inmueble okupado porque era de esperar que el desalmado, en el momento en que dejara de cobrar, instaría el desahucio. Cuando se le ha preguntado al exalcalde por qué pagaba con el dinero de todos lo que sólo beneficiaba a unos pocos, el antiguo edil explicó que no sólo lo motivó el hecho de que estuvieran próximas las elecciones. Es que estos okupas estaban por lo visto muy integrados en el barrio, gozaban de la estima de sus vecinos y hacían una labor humanitaria muy apreciada. Al final dio el argumento definitivo, que los sesenta mil euros satisfechos son pocos cuando se comparan con lo que habrá que gastar para reparar los daños provocados por los disturbios.

Esto es Cataluña. Se han acostumbrado a no respetar las leyes que no le gustan al nacionalismo y ya no se cumple ninguna. Es sencillamente inaudito que un alcalde, por su cuenta y riesgo, pueda legalmente gastar dinero público para pagar el alquiler a nombre de quienes okupan ilegalmente un local con el fin de que el propietario consienta la okupación. No sé qué dijo el interventor, si es que esa figura reaccionaria y fascista existe todavía en el Ayuntamiento de Barcelona. Tampoco sé cómo vistieron legalmente el gasto para obviar la patente responsabilidad que el mismo implica. El caso es que se hizo con total impunidad. Y ahora que los bondadosos okupas se han resistido violentamente a ser desalojados, la culpa será de la alcaldesa, por dejar de pagar, o del propietario por empeñarse en disfrutar de lo que es suyo, o del banco que vendió el inmueble al desaprensivo.

Las noticias informan de que todo el barrio se ha echado a la calle a defender a los okupas. Al parecer, los vecinos simpatizaban con ellos hasta el punto de parecerles muy bien que los okupas okuparan los inmuebles ajenos. No deberían ser tantas las simpatías, sin embargo, porque, si de verdad añoraran la labor de los okupas, podían muy bien recaudar fondos, constituir una fundación, alquilarles un local y que estos afables sujetos continuaran desarrollando su altruista actividad sin tener por qué hacerlo a cargo de los demás y sin verse obligados a destrozar la ciudad cuando los que pagan se cansen de hacerlo. Lo mejor de todo es ver cómo Trias trató inútilmente de congraciarse con la CUP a costa del dinero de todos y cómo va acabar la amistad entre los de Pedralbes y los de los piercings. Das una patada a las leyes por no querer aplicar las que no te gustan y saltan por los aires también las que protegen tu vida y hacienda. Alguno pensará que les está bien empleado.

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