La aporía de Artur Mas

Emilio Campmany

Es muy conocida la aporía de Zenón de Elea en la que Aquiles nunca alcanza a la tortuga. No lo hace porque cuando llega adonde la tortuga estaba al empezar la persecución, ésta habrá podido alejarse un tanto. Iniciada nuevamente la carrera, ocurrirá siempre lo mismo: llegado Aquiles adonde la tortuga estaba, ésta se habrá alejado algo. De forma que Aquiles nunca alcanza a la tortuga. Artur Mas vive una aporía similar. Dirigiendo a Cataluña hacia la independencia, nunca la alcanza. No lo hace porque cada paso que da tiene que ser formalmente legal para que el Gobierno de la nación no tenga un pretexto con el que interrumpir el proceso. El problema estriba en que, siendo como es la independencia de Cataluña un resultado en última instancia groseramente ilegal, es imposible culminarlo a base de pasos formalmente legales. Así, el proceso avanza sin interrupciones, pero nunca alcanza su fin.

Puesto que, en la práctica, Aquiles alcanza a la tortuga, la aporía de Zenón tiene una trampa, consistente en que no se valora adecuadamente la variable del tiempo. Con la aporía de Mas ocurre lo mismo, que también tiene trampa. Durante todo el proceso, los actos, como éste de convocar elecciones sin atribuirles más que de boquilla el carácter plebiscitario, son formalmente legales, pero como el fin que persiguen es radicalmente ilegal, también lo son los pasos que se dirigen a él. Naturalmente, llegado el momento de culminar el proceso, Mas no tendrá otro remedio que cometer una ilegalidad también desde el punto de vista formal. Y lo hará aprovechando una ocasión en que perciba que el Gobierno, por lo que sea, no va a reaccionar. No tiene sentido esperar a que al acto, además de ser ilegal en el fondo, lo sea también en la forma, porque basta lo primero para estar justificada política y jurídicamente la intervención y no dar lugar a que Mas encuentre la ocasión propicia para culminarlo sin riesgo.

Entonces, si el proceso es ilegal porque persigue un fin ilegal aun ajustándose formalmente a las leyes, ¿por qué el Gobierno no lo interrumpe con alguno de los muchos resortes a su alcance? Me supongo que porque cree que llegará un día en que los independentistas se cansen de ser dirigidos hacia una independencia que no termina de llegar y ahorrarse así el mal rato de tener que, por ejemplo, intervenir la autonomía, que es algo que, por lo demás, considera contraproducente. Lo malo será si, aprovechando la crisis en la que España puede verse envuelta si los comunistas llegan al poder, Mas decide dar el salto desde la ilegalidad de facto a la ilegalidad de iure, proclamar la independencia de Cataluña y que el Gobierno de ese momento no quiera o no pueda impedírselo.

Por eso lo mejor, además de lo correcto, habría sido interrumpir el proceso desde su inicio. Pero a ver quién es el guapo que convence a Rajoy de que alguna vez es mejor hacer algo que no hacer nada.

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