Kilotón Trump

Emilio Campmany

Al fin pasó lo que nadie creía que los republicanos permitirían que pasara. ¿Cómo han podido el partido, sus simpatizantes, sus electores dar la nominación a este sujeto? No se trata sólo de la cómica aura color calabaza que luce. Ni de saber cómo un mensaje xenófobo y sexista ha logrado tantos apoyos. La pregunta es por qué oponer a Hillary Clinton un candidato que todas las encuestas dicen que perderá.

Y ahí está la cuestión. Que no está tan claro que vaya a perder. Es cierto que los sondeos le dan como perdedor y que no se recuerda a ningún candidato que despertara tanto rechazo. Pero ocurren varias cosas. La primera es que Clinton provoca casi tanta aversión como Trump. Luego está la herencia Obama. Sus políticas han sido tan de izquierdas que Clinton sólo ganará renegando de ellas. Sin embargo, su desdén no será creíble si elige como compañero electoral y candidato a la vicepresidencia al derrotado Sanders, un socialista de vieja escuela, o a la senadora Elizabeth Warren, que encarna todo lo que desprecia el elector medio norteamericano, las ideas socialistas y la pertenencia al establishment universitario. Encima, Clinton se enfrenta a la estadística. Desde 1947, fecha de la Vigésimo Segunda Enmienda, que limita a dos los mandatos, nadie logró ser elegido presentándose por el partido del presidente saliente. La única excepción es Bush padre, sucesor de Reagan, pero que contó con la ventaja de enfrentarse al débil Michael Dukakis. Si Clinton gana este noviembre, sería la segunda ocasión en que alguien logra la hazaña.

Claro que Hillary podría acentuar su carácter centrista eligiendo como compañero electoral a un demócrata moderado como Julian Castro. De esta forma podría además asegurarse el voto de los hispanos, que tanto detestan a Trump. Pero eso no resolvería el problema del todo. No lo haría porque a lo que Clinton y todo el partido demócrata se enfrentan es a que las políticas de Obama han desilusionado por completo a las masas de votantes blancos de clase media. Muy frustrados se encuentran especialmente los blue-collars, esto es, los obreros cualificados, que entre otras cosas han perdido capacidad de progreso laboral gracias a la discriminación positiva. De modo que las exageradas políticas izquierdistas los han inclinado a comulgar con las ideas de Trump. En realidad, el fenómeno es parecido a lo que ocurre en Francia con el Frente Nacional. Son los viejos obreros de izquierdas quienes se sienten atraídos por esta extrema derecha. La diferencia es que Trump no se presenta bajo las siglas de un nuevo partido, sino bajo las del partido republicano de toda la vida, el "viejo gran partido" (GOP, según sus siglas en inglés). Y eso hace perfectamente posible que gane. Sobre todo si el partido, sus donantes y sus terminales mediáticas se vuelcan con él, que es algo que hoy todavía no hacen, pero que quizá en el futuro hagan con tal de impedir a Hillary llegar a la Casa Blanca.

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