Justicia irrelevante

Emilio Campmany

Con los ministerios ocurre como con los premios literarios, que a veces es el premio el que adorna al premiado y otras es el premiado el que adorna al premio. Se supone que Justicia es el segundo Ministerio más importante en España después del de Exteriores pues, no habiendo vicepresidentes, sustituyen al presidente cuando éste no puede ejercer sus funciones, primero el ministro antes llamado de Estado y, si éste también está incapacitado, el de Justicia.

Y, sin embargo, en estos años de democracia, el Ministerio ha ido perdiendo paulatinamente peso. Unos dirán que por causa de la transferencia de competencias a las Comunidades Autónomas y otros recordarán el traslado de Instituciones Penitenciarias a Interior. Esto no es relevante. Lo que hacía importante a Justicia es una función que teóricamente sigue teniendo, que es la de asegurarse que lo que se decide en el Consejo de Ministros se ajusta a las leyes, no sólo a su letra, sino sobre todo a su espíritu.

Todos los presidentes de la democracia, especialmente Aznar y Zapatero, han querido descafeinar esa función nombrando personajes irrelevantes o sin autoridad moral para hacerla valer. De hecho, la pérdida de peso político del Ministerio de Justicia es una de las causas de la elefantiasis que ha experimentado la presidencia del Gobierno, que disfruta de un poder cada vez menos embridado.

Rajoy tenía la oportunidad de poner allí a un jurista de prestigio no demasiado achicharrado por los avatares políticos para dotar a su Consejo de Ministros de un Pepito Grillo competente. Es obvio que no la ha querido aprovechar. No lo digo porque Gallardón no tenga peso, que lo tiene. Ni porque no sea jurista, que lo es, aunque no del prestigio que el cargo reclama. Lo digo porque Gallardón es el único ministro al que había que colocar no porque Rajoy lo quisiera, sino porque así lo habían pactado desde antiguo a cambio de que no enredara en el partido. De forma que había que darle un Ministerio y era de esperar que fuera uno donde no pudiera hacer demasiado daño sin ser abiertamente irrelevante. Por eso, los quinielistas pensaron en Defensa, el mismo Ministerio que ocupó José Bono, el equivalente a Gallardón que padecen en el PSOE.

Rajoy demuestra al darle Justicia que no le da ningún valor al Ministerio, al menos en esa función de conciencia del Gobierno que tan importante es. Justicia seguirá siendo irrelevante, salvo que Gallardón nos sorprenda a todos y sepa recuperarlo en lo que siempre fue y nunca debió dejar de ser. Pero, para eso hace falta una autoridad moral que no sé si Gallardón posee.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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