Asedio al Congreso

Irrelevante a fuer de violenta

Emilio Campmany

La extrema izquierda se proponía este jueves hacer una demostración de fuerza mediante una concentración ilegal alrededor del Congreso de los Diputados. Dado el grado de indignación popular, cabía esperar una masiva afluencia. Sin embargo, la violencia con la que adornó sus últimas concentraciones ha hecho que la cantidad de público que ha acudido a desahogarse haya sido ridícula. Lo escaso del respaldo debería hacer reflexionar a IU y al PSOE acerca de si es la mejor política apoyar manifestaciones ilegales de indignación como los acosos a políticos de derechas que está llevando a cabo la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, y que también son muy escasamente secundados.

Al final va a resultar que los españoles somos más maduros que nuestros políticos y dirigentes. Lo digo por lo acomplejados que éstos se han mostrado ante tales acciones ilegales, desde el presidente del Tribunal Supremo hasta el del Gobierno, pasando por el del Congreso de los Diputados, que ha caído en la cobardía de suspender el pleno de este jueves. Muchos son también los periodistas que se han mostrado comprensivos hacia estas formas ilegales e ilegítimas de manifestar la indignación ciudadana. Todos ellos, políticos y periodistas, lo hacen porque están convencidos de que los acosadores cuentan con la simpatía de la mayoría de los españoles. Pues ya pueden ver que no, que los españoles nada tienen que ver con formas de cambio político más o menos violentas, y la enorme cantidad que de ellos hay indignados ha preferido dejar sola a esta extrema izquierda que se envuelve en las viejas banderas de uno de los bandos de la Guerra Civil, a fin de cuentas un motivo más para no estar con ella.

Ahora bien, el fracaso de la extrema izquierda en su intento de aglutinar el enojo que solivianta a los españoles corre el riesgo de confundir al Gobierno haciéndole creer que, aun sin apoyarla, los españoles comprendemos que su política es la única posible. Está muy equivocado. Desde luego, la mayoría no es partidaria de recortar el gasto público porque cree que hay margen para que el Estado active la economía haciendo eso que tanto les gusta hacer a los políticos, gastar. Y cree que el dinero necesario puede sacarlo de lo que ahorre disminuyendo los muchos privilegios de los que la casta disfruta sin necesidad de recortes sociales en sanidad, educación o pensiones y aumentando los impuestos a los ricos. Pero lo piensa así porque nadie le ha explicado la realidad de la situación. Podemos y debemos ahorrar tanto como se pueda achicando el Estado, empezando por liquidar esta estructura administrativa elefantiásica que llamamos Estado de las Autonomías. Pero, por desgracia, eso no será suficiente. La única forma de activar la economía es reducir los impuestos y flexibilizar el mercado de trabajo. Eso exige renunciar a algunos beneficios sociales que ya no podemos permitirnos, al menos por el momento. Y al Gobierno corresponde explicárselo a este pueblo que está demostrando más madurez que él. Luego, habrá que hacerlo.

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