Caso Faisán

Indicios especulativos

Emilio Campmany

Caray con nuestros socialistas. Son inefables, inenarrables, inaprensibles, incomprensibles, y algunos, sólo algunos, intocables. Zapatero llama a Raúl del Pozo, que debe ser ya el único que se le pone al teléfono, para decirle, casi para jurarle, que agotará la legislatura. Y ya ni el bueno de Raúl le cree.

Rubalcaba va y dice con fatuidad que "si existe hoy más que nunca [el caso Faisán] es porque yo soy candidato". Nos ha "merengao". Y Ruz es un fascista por no haber condenado el régimen de Franco. El caso Faisán existe desde mucho antes de que Freddy fuera candidato y, si tiene relevancia política, es porque lo salpica directamente a él, que aspira a ser presidente del Gobierno, y al actual ministro del Interior, por no hablar de que Víctor García Hidalgo, procesado en el auto, sigue siendo secretario de organización del PSE en Álava. Hoy la resolución judicial no ocuparía titulares de primera página si Freddy, Camacho y García Hidalgo estuvieran dedicados al cultivo del viñedo o a la práctica del windsurf. Y este sujeto se proclama como la gran esperanza roja. Apañados van.

A otro socialista, un senador menos conocido, lo detienen en Madrid de madrugada tras graves alteraciones del orden en una sauna por haberle faltado a un policía, que habrá que preguntarle a Alfonso Ussía si tan edificante conducta se corresponde con la fase "tuteo a la autoridad" o a la más avanzada "insulto al clero".

Como esto es poco, va Jáuregui y decide aparecerse a los pobres estudiantes matriculados en la Escuela de Verano de la Universidad Católica de Ávila, que me pregunto yo qué pecado habrán podido cometer allí para merecer semejante castigo. Y como es inaudito e insólito, amén de imposible y que no puede ser, que un socialista se siente en el banquillo, dice que el auto del juez Ruz es disparatado. ¿Y por qué es disparatado? Pues porque "es una suma de indicios más bien especulativos", o sea, indicios apoyados en especulaciones. Qué bonito oxímoron. Porque un indicio basado en la especulación no es un indicio, es una sospecha. Probablemente, lo que Jáuregui quería decir es que el auto se basa más en especulaciones que en indicios, pero ya cansa tener que estar constantemente adivinándoles los pensamientos y traduciéndoles las declaraciones.

Menos mal que Antonio Camacho nos ha hecho la caridad de no decir nada. Será porque es fiscal y sabe que cualquier cosa que diga puede ser utilizada en su contra. O será porque se lo ha aconsejado su abogado. De momento, el auto de procesamiento del caso Faisán ha demostrado, a las pocas horas, cuán grande ha sido el error de nombrar ministro del Interior al único socialista que, junto al ministro saliente, corre serio peligro de verse empitonado por el caso. No lo hacen peor porque no entrenan.

Y esto, en tan sólo veinticuatro horas. Si tenemos que llegar así hasta marzo lo que van a terminar siendo es inaguantables.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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