Cumbre europea

Impuestos iguales para hoy

Emilio Campmany

Llega la más importante cumbre europea de los últimos años y nos pilla con el Gobierno en funciones y un Zapatero a su frente dispuesto a ser el Rockefeller del ventrílocuo Rajoy. Un Rajoy que, por otra parte, sabe poco de economía y duda de que los datos que ha estado suministrando el Gobierno sean los reales. Estamos haciendo el traspaso de poderes con majestuosidad imperial sólo para dar la falsa impresión de que Zapatero se va de un modo normal. Si se piensa bien, tampoco es tan grave. Tan sólo es una ocasión más, como tantas otras con ZP, en la que disfrutar de una suntuosa irrelevancia.

En principio, parece que lo que se va a decidir es que la UE sea un espacio armonizado fiscalmente, o sea, con los mismos impuestos a los mismos tipos. Si a alguno de los 27 (léase Reino Unido) no le apetece ser armonizado, puede quedarse fuera y lo serán sólo los 17 de la eurozona. Aquí no habrá resistencias porque los que pueden (Francia y Alemania) quieren y los que a lo mejor no quieren no pueden porque, de poner inconvenientes, se quedarían sin ayudas para hacer frente a las estratosféricas deudas. Total, que nosotros, que somos de los que queramos o no lo que nos pasa es que no podemos oponernos a nada que decidan Merkel y Sarkozy, aplaudiremos con las orejas lo que nuestros amigos alemanes y franceses decidan.

Francamente, a mí esto de la armonización fiscal me parece una filfa. En un impuesto importa tanto su regulación como quién tiene su gestión, incluida la inspección. En España, por ejemplo, hay armonización fiscal, pero como en Navarra y el País Vasco son sus autoridades y no la Agencia Tributaria quienes gestionan los impuestos, la suavidad con la que lo hacen la Hacienda Foral de Navarra y las Diputaciones Forales de las tres provincias vascas convierte aquellos territorios en prácticos paraísos fiscales. Se lo pueden permitir gracias al concierto, pero eso no quita para que sea un claro ejemplo de cómo una verdadera armonización exige no sólo impuestos comunes, sino también una gestión común. ¿O es que nos vamos a creer que griegos, italianos y españoles pagaremos nuestros impuestos con la misma disciplina que los alemanes por el sólo hecho de que sean los mismos y a los mismos tipos? Nada de eso. Parafraseando al conde de Romanones podríamos decir eso de dejarle a Merkel que diga cuánto tenemos que pagar de impuestos y que nos dejen a nosotros comprobar que efectivamente lo hacemos para que nada cambie.

Lo bueno sería que Merkel y Sarkozy crearan una agencia tributaria europea con facultades de gestión en toda Europa, al menos en la zona euro. De ese modo se irían al garete la hacienda foral, las diputaciones forales, el concierto económico y el sueño catalán de tener su propia agencia. Ay madre, qué desilusión se iban a llevar. Me dan ganas de llorar.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

A continuación