Ilegalizar a la izquierda y al nacionalismo antes que la Monarquía

Emilio Campmany

Jamás se ha visto en España una campaña de difamación como la que padece Don Juan Carlos. Los devaneos son cosas que atañen a su familia. Y lo del dinero… Por Dios, aquí han metido la mano en la caja todos los partidos. La misma regularización fiscal que está intentando llevar a cabo quien nos trajo la democracia es algo que ha hecho muchísima gente y muchos de ellos previo aviso de la propia Hacienda. El caso más notable es el de Juan Carlos Monedero, cuyo partido pretende fundarse en la misma falta que él cometió para cargarse, no ya la persona, sino la institución. Y a él no tiene nada que agradecerle España. Hace bien poco, el PSOE robó cientos de millones de euros por el sistema de los ERE abusando de la legislación pensada para la protección de los trabajadores y hoy se escandaliza de que Juan Carlos no pague todos los impuestos que debería. Encima le obligaron a abdicar para que no saliera a la luz lo que de todas formas luego destaparon.

Juan Carlos no tuvo un comportamiento ejemplar, pero al menos no montó una organización terrorista responsable de asesinatos y secuestros, no saqueó a los huérfanos de la Guardia Civil, el BOE y la Cruz Roja, no protegió los feos negocios de Jesús Gil ni lo indultó tras haber éste financiado ilegalmente a su partido. Y esto es sólo por compararlo con Felipe González, que hoy se permite disertar de lo divino y de lo humano mientras todos callan respetuosamente para escuchar las consideraciones que quiera hacer y que van de lo obvio a la gansada. Está también el caso de Pujol, que puso más entusiasmo en saquear su patria catalana que en lograr su independencia y que, junto a muchos dirigentes de CiU, ahí está disfrutando de lo que robó sin que los telediarios digan ni oste ni moste. En el País Vasco no hay escándalos porque los mercachifles nacionalistas se inspeccionan a sí mismos gracias al régimen fiscal especial que disfrutan, lo que les permite venir a Madrid con los bolsillos llenos y la cara –dura– bien alta. Por no hablar de Podemos, financiado a medias por una dictadura comunista y una teocracia terrorista.

Y en este país, gobernados desde 1982 por jetas, ladrones, mangantes y desahogados, el problema es que un rey que ya no lo es ha dejado de declarar al fisco no se qué ingresos. Y por eso, en vez de ilegalizar al PSOE, que ha robado lo que no está escrito, además de ser responsable del GAL, o a los partidos nacionalistas, que proporcionalmente han robado todavía más, o a los comunistas que se financian de regímenes execrables para con ese dinero destruir a la nación, lo que se pretende es acabar con la Monarquía. Una institución que está hoy representada por una persona intachable cuyo único pecado ha sido defender a la nación cuando otros querían acabar con ella mientras el Gobierno que juró protegerla dejó cobardemente hacer.

Esto es una cleptocracia. De acuerdo. Pero al que quieren cargarse y la institución a la que se lo quieren hacer pagar no son los responsables. Al contrario. Hasta cierto punto, Juan Carlos fue una víctima que se dejó arrastrar por la hedionda crecida de corrupción con que el PSOE inundó España. Pudo mantenerse al margen y dar ejemplo. No lo hizo y pagará por ello. Pero no es él quien abrió la espita.

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