Ignoran el Derecho y la Historia

Emilio Campmany

El auto del Supremo suspendiendo la exhumación de Franco ha provocado una marea roja de historiadores y periodistas poniendo el grito en el cielo por haber el Alto Tribunal basado su resolución en que Franco fue jefe del Estado desde el 1º de octubre de 1936. Alegan que en esa fecha había otro jefe de Estado, Manuel Azaña, con superior legitimidad, y que Franco, como mucho, sólo puede ser considerado tal a partir de haber cesado aquél, en 1939. Confunden una situación de hecho con una cuestión de derecho. Si Franco hubiera perdido la guerra, jamás los tribunales republicanos le hubieran reconocido haber sido jefe del Estado un solo día. Como la ganó, lo fue. Y jurídicamente no puede serlo más que desde la fecha de su nombramiento, que no es otra que la del 1º de octubre de 1936. ¿Se quiere discutir si ocupó o no el cargo legítimamente? Discútase. Pero ése es un problema moral, no jurídico, y, francamente, tampoco histórico. La Historia se ocupa de los hechos, de sus causas, de sus efectos, no de su moralidad. Otra cosa es retorcer la narración para que el lector valore éticamente lo ocurrido del modo prejuzgado por el historiador, que es lo que hace Paul Preston, entre muchos.

De modo que, con independencia de que sea más o menos legítimo, para los tribunales españoles, Franco fue el jefe del Estado desde el 1º de octubre de 1936. El actual régimen puede, si quiere, declarar que la ocupación de la Jefatura del Estado por parte de Franco fue ilegal. Pero, si lo hace, también será ilegal el régimen que presidió y todo lo que legalmente se hizo durante el mismo, las sentencias que se dictaron, las leyes que se promulgaron y por supuesto todos los derechos que al amparo de las mismas se adquirieron. Por eso no lo hacen.

Pero es que, incluso desde el punto de vista de la legalidad, la Segunda República fue tan ilegítima como el régimen de Franco. Aquélla no nació de un proceso constituyente respetuoso con la normativa vigente. Llegó tras unas elecciones municipales que en absoluto tenían el objeto de votar un cambio de régimen. La promulgación ilegal del nuevo régimen no desembocó en una guerra civil, como sucedió cinco años más tarde, porque quienes tenían la obligación de mantener el orden constitucional, empezando por el rey, se negaron a hacerlo. Tal dejación no legitima al régimen republicano, instaurado de forma tan ilegal como el de Franco. Al levantamiento del 18 de julio, por otra parte, no se opuso la República, sino las organizaciones de izquierda que se habían apropiado ilegalmente de ella y que provocaron conscientemente la guerra para que el conflicto les permitiera convertirla en un régimen comunista. Precisamente eso es en lo que se había transformado cuando fue derrotada, en abril de 1939. De haber ganado la República, el régimen vencedor no habría sido el de 1931, sino una dictadura comunista instaurada de forma tan ilegal como la de Franco.

Pretenden con su moralina cambiar la Historia y torcer el Derecho. Y, de paso, transformar el régimen de 1978 por medios ilegales para que sea lo que no es sin necesidad de que los españoles lo voten. Están en eso desde el 11-M.

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