Corrupción

Huelga de boñigas caídas

Emilio Campmany

En Andalucía pintan bastos. Allí, a todos los dirigentes socialistas se les hacen los dedos huéspedes y no hay día sin su escándalo. A Griñán, a pesar del poco tiempo que lleva al frente del cortijo, ya se le ha puesto cara de malo de spaghetti western, de mueca torcida, labio caído y mirada asesina. Sólo Dios sabe lo que esconderán esas actas del Consejo de Gobierno que ha tenido que entregar finalmente a la magistrada. De la caja fuerte donde las han guardado en el juzgado puede salir imputado medio PSOE andaluz.

Y, sin embargo, pasa que el PP parece ir a remolque de los medios de comunicación. Sus dirigentes ven y huelen la porquería, pero antes de denunciar, acusar y escandalizarse, miran a un lado y a otro a ver cómo reacciona el personal. No les falta razón porque a veces los españoles se muestran más que indulgentes con lo que podríamos llamar "pequeña corrupción extendida". Nos solivianta que un tío se apalanque una fortuna a base de quedarse con algo de dinero de muchos. Pero, en cambio, si son varios los que entre amigos, familiares y compañeros reparten el dinero del Estado, ése que no es de nadie según Carmen Calvo, entonces ya no hay para tanto.

O quizá la parálisis del PP se deba a que, cada vez que levanta el dedo acusador, a los socialistas les basta decir Gürtel para callarles la boca. Es probable que el caso Correa sea una broma comparado con el lodazal andaluz. Es posible que lo de los trajes sea más el descuido de un dirigente ingenuo que el delito de uno corrupto. Pero ¿y si no fuera así? ¿Y si la trama Gürtel implicara una cascada de favores a unas determinadas empresas a cambio de financiación para el partido y comisiones para un puñado de políticos del PP valenciano? Aceptar un bolígrafo puede ser un descuido. Aceptar unos trajes a medida es una cosa muy rara. Y si fue un ingenuo error, ¿por qué dijo Camps que él se paga sus trajes si no es cierto? Dicho de otro modo, ¿por qué tiene el PP que presentar necesariamente a Camps y a su pequeño círculo de imputados a estas elecciones? ¿No hay en el PP valenciano bastantes militantes sin problemas con la Justicia que hay que recurrir a éstos?

Al final, el elector imparcial, a base de escudriñar entre tanta porquería que traen los periódicos, entiende que en España están unos, que son corruptos, y que luego están otros, que también lo son, pero un poquito menos. La conclusión no puede ser otra: la corrupción está generalizada y sólo sale a la superficie una pequeña parte de ella, la que cometen los torpes y la de quienes se fraguan demasiados y peligrosos enemigos. Y todo entre una casi generalizada indiferencia. Bonito país.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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