Haciendo méritos

Emilio Campmany

Todo juez sabe que para hacer carrera es necesario ser apadrinado por un partido político. Hasta tal punto es así que cuando un caso que afecta a un partido cae en una sala o juzgado donde hay algún juez que ha sido beneficiado con algún cargo por ese partido, los demás acusan inmediatamente al magistrado de falta de objetividad. Lo acabamos de ver con la sala que juzgará el caso Bárcenas. Naturalmente, por la cuenta que les trae, la sangre no llega al río y a nadie se le ocurre recusar al juez o añadir el supuesto a las causas de abstención porque lo que hoy beneficia a otro mañana puede beneficiarte a ti y nadie tiene sincero interés en cambiar estas torticeras reglas de juego.

Pues bien, no hace falta ser un experto augur para saber que estamos a unos meses de que Podemos esté en condiciones de influir en el nombramiento de magistrados para las altas instancias judiciales del Estado. Y no me cabe duda de que, con independencia del convencimiento que tenga el juez Pedraz de estar actuando conforme a derecho, que seguro que lo tiene, es patente que se ha convertido en un obvio candidato del partido de Pablo Iglesias a cualquiera de los cargos que el mismo tendrá en el futuro oportunidad de designar. Llueve sobre mojado porque ya en 2012 el mismo magistrado consideró que los de Ocupa el Congreso, uno de los grupos que está en el origen de Podemos, no habían cometido el delito de manifestarse ante la Cámara porque el Código Penal exige que la manifestación altere el normal funcionamiento de la institución. Y es verdad que no se alteró, pero porque la Policía lo impidió, no porque los convocantes no lo pretendieran, lo que lo convirtió en un delito en grado de tentativa que el magistrado no vio.

Ahora, ese mismo juez dice que lo que dijo Zapata de Irene Villa no es un delito de vejaciones a las víctimas del terrorismo porque a la misma víctima no se lo parece. Y eso a pesar de reconocer que el delito es perseguible de oficio, lo que en realidad convierte en irrelevante la opinión de Irene Villa. Y no obstante, éste es el argumento nuclear y por eso la llamó a declarar, a pesar de saber que no era decisiva su opinión. Luego, precisamente por no serlo, se ve en la necesidad de argumentar que hay un montón de chistes similares en la red que no se persiguen y que lo que no puede ser es que se persiga éste por ser un concejal el que lo ha hecho. No sé cuántos chistes de la calaña del de Zapata habrá en la red. Sospecho que no tantos como presume el juez. Da igual. Todos debieran perseguirse. Pero, en cualquier caso, aunque no lo fueran, no es argumento para que él deje de castigar el que ha llegado a su juzgado.

Hará carrera. Al tiempo.

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