Hacer la cama a Rivera

Emilio Campmany

Pedro Sánchez ha estado en el Elíseo fraguando una alianza con los liberales europeos, encabezados por Emmanuel Macron. Esto es lo que dice El País para envolver a nuestro presidente en funciones con el aura de estadista que no tiene. A lo que ha ido realmente Sánchez al Elíseo es a rodearse de estucos y arañas y a sentarse en la silla de De Gaulle. Ha echado de menos la escolta de dragones a caballo, pero menos da una piedra. Más allá de esto, como misión secundaria, habrá intentado convencer a Macron de que haga de Borrell una Mogherini II, el sucesor de la jefa de la diplomacia europea, o sea, de la nada. Qué más da quién suceda a Federica Mogherini. El único que quizá se alegrara algo sería Maduro cuando viera a quien le salvó el trasero durante sus horas más bajas catapultado a ese puesto de tronío inútil.

También fue Sánchez a París con otra idea, la de convencer a Macron de que, como supuesto jefe de Rivera, le obligara a apoyar al PSOE y renunciara a ser aliado de Vox. Dice también El País que en Europa no se entiende que un partido liberal se alíe con la extrema derecha y reniegue de los socialistas. En Europa no puede extrañar esto porque partidos que son mucho más extremistas que Vox han sido aliados de Gobierno de muy diversos partidos de centroderecha sin provocar escándalo fuera de la izquierda. Lo que debería escandalizar en Europa, y no lo hace por influencia de medios tan sectarios como El País, es que el PSOE sea aliado de filoetarras, golpistas y populistas comunistoides bolivarianos.

La alianza de la que habla el periódico español es tan antinatural como la que pudieran suscribir monárquicos y republicanos. Pero la cuestión es que, en España, lo que distancia a Ciudadanos y al PSOE no es que unos sean liberales y los otros socialistas, sino que unos defienden la unidad de España y los otros no. Esto no tiene nada que ver con lo que llaman los socialistas "agenda europea", y que no es otra cosa que la profundización de los valores de la izquierda. Esto tiene que ver con España y su unidad. Y para defenderla Vox puede ser un socio más o menos incómodo, pero mucho más fiable que el PSOE, que no cree en ella y está dispuesto a venderla por cuatro años de alquiler en la Moncloa.

Rivera puede estar tentado de dar la enésima pirueta y apoyar al PSOE en las comunidades autónomas que le parezca. Ya se lo harán pagar los votantes que se sientan, con razón, defraudados. Lo que de ninguna manera puede hacer es investir a Sánchez, ni siquiera con la promesa de un 155 que con toda seguridad dejará de honrar por acción u omisión. La inclinación del PSOE a pactar con los nacionalistas no es, como pretenden hacernos creer, una coyuntural necesidad fruto de la aritmética, a la que por otra parte podrían, si quisieran, renunciar. Es una alianza estratégica a largo plazo cementada con la urticaria que a todos ellos, socialistas y nacionalistas, les da España.

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