Partido Popular

¿Habrá un Bruto?

Emilio Campmany

El cesarismo gobierna el PP. Todos viven pendientes del césar, tratando de adivinar qué desea, y ejecutar prestos su voluntad; qué piensa, y apresurarse a coincidir con él; a quién apoya, y correr a verter sobre el ungido mieles y lisonjas. El césar, consciente de la atención que suscita entre los suyos, oculta sus deseos, vela sus ideas y tapa a sus favoritos. Quien cree saber, hace lo que supone que el césar desea de él, declara lo que espera le agradará y halaga a quien ve susurrando a su oído. Y mientras, todos asisten impasibles a la lenta destrucción del partido.

Lucía Méndez nos cuenta cómo los más valientes le piden que salga a la palestra a hacer política, pero el césar se niega a hacer lo que nunca supo. Otros, más ingenuos, insisten en una crisis de Gobierno que el césar desdeña porque los que son hoy ministros son los más leales que encontrarse puedan. Los ilusos proponen que quizá el césar debería dar un paso atrás en favor de un Antonio o un Octavio. Y eso el césar, lo sabe bien la periodista, no lo hará jamás.

Pero hay una posibilidad que Méndez no ha querido contemplar. La de acabar con César antes de que César acabe con Roma. Para eso no valen Antonios, Octavios ni Lépidos. Para eso hace falta un Bruto. Alguien que no tenga nada que perder y haya estado lo suficientemente cerca del césar como para saber dónde puede el puñal ser mortal. Y es igualmente necesario un Casio, que convenza a Bruto, lo empuje y abrace su mano con las suyas alrededor de la daga. Porque sólo Casio sabe cuán débil es en realidad el césar, cuán mojigato y mezquino es en verdad su espíritu. Lo puso Shakespeare en su boca: "¿Por qué es César un tirano? ¡Pobre hombre! No sería un lobo si no viera que los romanos somos ovejas; ni sería un león si no fuera porque somos ciervas". En otro lugar añade para aquellos que, como los dirigentes del PP, se dejan mansamente llevar al barranco a despeñarse:

Llega un punto en que los hombres son dueños de su destino. Si somos esclavos, la culpa no es de las estrellas, sino de nosotros mismos.

Claro que quienes quieran ser Bruto y Casio en el PP serán luego derrotados en Filipos por el Marco Antonio y el Octavio que inevitablemente surgirán. Y han de saber por tanto que acabar con el césar será entonces una forma de suicidio. Y, sin embargo, de no hacerse, el suicidio será el de todos. Su fin es la única forma de evitarlo. Que a los conspiradores espere una muerte igual de rápida y artera es poco precio si están entre los muchos que hoy agonizan abochornados por la humillación pública tras haber perdido el favor del césar. Especialmente bajo si consideran que hoy están obligados a contemplar cómo otros, con más motivos para avergonzarse, se pavonean por el foro con armiños y oropeles comprados con babosas adulaciones e inconfesables favores.

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