Montoro

Granito entre soplillos

Emilio Campmany

Hay que ver con cuánta frecuencia los políticos nos toman por tontos. Y no se dan cuenta de lo irritante que es. Podemos tolerar con voluntariosa ataraxia las groseras mentiras que nos endilgan. Llegamos a soportar con proverbial estoicismo los reiterados incumplimientos de sus promesas. Aceptamos recibir con pacífico escepticismo sus campanudas apelaciones al interés general. Pero lo que no hay quien aguante con mediana serenidad es que nos tomen por imbéciles completos. En eso, en lo de tomarnos por idiotas y suponernos lerdos de baba, Montoro no es que sea un experto, es que lleva sacados varios másteres y es probable que dirija un seminario para sus compañeros del Consejo de Ministros.

Es sencillamente increíble que quien ostenta el cargo de ministro de Hacienda reconozca sin empacho que los Pujol han disfrutado de treinta años de clandestinidad fiscal. Y como no le da la gana de reconocer que se ha enterado por los periódicos va y admite que esto de los Pujol lo sabía él desde el año 2000, fecha en la que ya andaba él mandando en Hacienda, cuando les abrió una inspección. Me parece muy bien que se la abriera. Lo que no me lo parece tanto es que la cerrara dos años más tarde sin haber descubierto nada de una relevancia mínimamente próxima a lo que hoy sabemos gracias a los periódicos. Luego se pone farruco y promete que llegará hasta el final de todo este asunto. No parece probable que llegue hasta ningún final cuando lo único que le preocupa es el fraude fiscal y no admite siquiera una sospecha acerca del origen delictivo de la inmensa fortuna acumulada por los Pujol a su vista, ciencia y paciencia. Pero es que además es imposible que llegue hasta ningún final porque muchos de esos delitos que él no descarta que se hayan cometido están prescritos por la negligencia del departamento que él ha dirigido durante tantos años.

Y lo de justificar la revelación de datos fiscales amparándose en que uno de los afectados, que no todos, ha reconocido una parte muy limitada de los mismos es de llamar al 091. O sea, según Montoro, el que Jordi Pujol reconozca que tiene una cuenta sin declarar le autoriza a él a revelar públicamente cualquier detalle de sus declaraciones fiscales. Y si es así, ¿por qué en vez de limitarse a revelarnos que Pujol no se acogió a la amnistía fiscal no nos ofrece todos los datos de sus declaraciones, que sería algo muy interesante? Si la admisión de un hecho por parte del afectado le autoriza a revelar el resto, ¿por qué no lo hace? Pues porque metió la pata con Bárcenas, de quien reveló lo mismo. Y por no reconocer que la metió, prefiere volverlo a hacer y justificarlo con un argumento que evidencia lo muy tontos que nos considera. Dicen que el papel lo aguanta todo. Lo que lo aguanta todo es el granito.

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