Guerra entre medios de izquierda

Fuego no tan amigo

Emilio Campmany

¿Sabe Zapatero con quién se está jugando los cuartos? Yo creo que sí. Pero va a dar lo mismo, porque, si no lo sabe, se va a enterar muy pronto. Cebrián recuerda mucho a Doyle Lonnegan; no mata por dinero, lo hace por venganza. Prisa nunca ha sido una caja registradora, sino una máquina de acumular poder que, de paso, da a ganar mucho dinero. Por eso, a Cebrián no le interesa tanto llevar un "Franck Muller" en la muñeca como que los ministros se le pongan al teléfono, a ser posible, con voz quebrada y trémula.

Zapatero quiere destetarse de Prisa y apoyarse en un grupo mediático nuevo que pueda controlar. El fin es encomiable, pero su logro, improbable. Cebrián ya ha declarado la guerra, no sólo a Roures y a Mediapro, sino también a su valedor, el presidente del Gobierno. Lo ha hecho por medio de dos enérgicos tantarantanes: uno, con forma de editorial, contra Carme Chacón, cuya elección como víctima no fue casual; y el otro, vestido de catilinaria del propio Cebrián, contra los "brujos visitadores de la Moncloa".

García Abadillo pone en boca de los más prudentes la posibilidad de un armisticio hasta después de las elecciones porque a los dos grupos mediáticos les interesa que gane el PSOE. Yo no apostaría. Toda la munición de grueso calibre de que dispone Cebrián tendrá la pólvora húmeda cuando las urnas vuelvan a los armarios. Sólo antes de marzo pueden sus obuses hacer daño. Después, nadie los temerá. Es verdad que el PSOE ha sido hasta hoy el habitual benefactor de Prisa, pero, si va a dejar de serlo, estoy seguro de que Cebrián preferirá morir matando antes que sobrevivir vencido. Por otra parte, quizá concluya que para Prisa, antes que un Gobierno de un Zapatero empeñado en acabar con su primacía, es preferible otro del PP, donde hay un par de peces gordos con los que el consejero delegado hace buenas migas.

El de la eterna sonrisa hará lo de siempre, pedirá apoyo para hoy a cambio de letras a noventa días. Sin embargo, Cebrián no es Artur Mas, y sabe que obras son amores y no buenas razones. Querrá, antes de marzo, pruebas tangibles de que Prisa seguirá siendo la favorita en el harén mediático de la izquierda. En caso contrario, hablarán los cañones desde las páginas de opinión del gran Berta y a ver si Zapatero es capaz de ganar unas elecciones, que se presentan muy reñidas, con El País y la SER en contra.

Yo, si fuera Rajoy, para estimular el ardor guerrero, le enviaría a Cebrián un emisario (mejor Rato que Gallardón) con el encargo de ofrecerle cobertura a su retaguardia para el caso de una victoria popular en marzo. Quizá lo haya hecho ya.

Alguno alegará que es imposible que El País apoye al PP en las próximas elecciones. Es verdad. Pero, lo que no es imposible es que apoye al partido de Rosa Díez y Fernando Savater, un columnista de la casa.

Para marzo tendremos ya algún muerto. Veremos quién, si Cebrián, Roures o ZP. No se levanten pues de la butaca y manténganse pendientes de la pista central, donde pronto se desencadenará el drama.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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