Fuego amiguísimo

Emilio Campmany

Puede parecer que Rajoy ha estado fomentando las luchas internas en su partido con el fin de mantener a unos enfrentados a los otros mientras su liderazgo se conserva indiscutible. También es posible que, obedeciendo a su naturaleza, se haya limitado a lo que siempre le ha dado tan buenos resultados, no hacer nada. Sea como fuere, ha olvidado algo importante, que la lucha no es por disputarse el poder que pueda emanar de él hacia abajo, sino que se combate por su sucesión. Y para que haya sucesión hay que abrir su herencia. Y para poder abrirla tiene que morir políticamente.

No cabe duda de que el PP está sufriendo una gran campaña de desprestigio. En la misma confluyen casos escandalosos de amiguismo y corrupción con otros que, a pesar de que no haya en ellos nada punible, son estéticamente poco edificantes. Hay también unos pocos en los que no hay nada de nada, pero ayudan a mantener el nivel de ruido. Es muy probable que algunos hayan contado con la colaboración de una parte del Poder Judicial que aspire a ocupar grandes cargos cuando llegue Podemos al poder y esté haciendo méritos. Pero la mayor parte constituye lo que se ha dado en llamar "fuego amigo", porque su afloramiento es consecuencia de la patente lucha interna que asuela el PP.

No importa mucho saber si las esquirlas de metralla, que han alcanzado a Rajoy, obligándole a comparecer presencialmente en el juicio de la Gürtel para testificar, salen de una granada de Podemos o de un obús de alguna de las facciones del PP. Importa que la foto testificando sobre la corrupción del PP va a ser un cartel electoral con el que será muy difícil ganar unas elecciones. Los argumentos del tribunal para obviar la videoconferencia y exigir la presencia de Rajoy en la Audiencia Nacional son concluyentes. Lo que no se entiende es que, a renglón seguido, se le conceda el privilegio de testificar en lugar distinto del reservado habitualmente para los testigos con el fin de evitar que aparezcan detrás, como ángeles custodios, los acusados de la Gürtel, un Correa y un Bigotes, por ejemplo. La precaución se me figura ridícula porque la foto será igualmente demoledora. Y eso sin contar con lo que diga, que no puede ser otra cosa que él no se enteró de nada, que es alegación muy difícil de creer. Y aquí no va a valer eso, que tanto repite, de "esto es lo razonable".

Al tribunal se le solicitó su presencia como testigo en dos ocasiones y en ambas fue rechazada la petición. Llegada una tercera, sin que hubiera un cambio sustancial de circunstancias, se aceptó. Y ahora vemos que no sólo, sino que además se le obliga a presentarse allí y ser convenientemente fotografiado, además de interrogado. Si averigua quién o quiénes son los responsables, sabrá de quién tiene que librarse si no quiere que acaben con él. Y, aun así, hoy podría ser ya demasiado tarde.

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