Rubalcaba

Freddy superstar

Emilio Campmany

Freddy no da una. Antes, cuando estaba en su cubil, oculto tras la concha, apuntando a los compañeros de partido qué hacer y qué decir, estaba en su salsa. Pero ahora, que lo han sacado al escenario a representar él mismo el papel de César, la obra no funciona. El actor, que nunca debió dejar de ser apuntador, se sabe el papel, pero poco más. No declama, la túnica le queda grande, deambula por el escenario perdido, sin saber dónde colocarse o qué hacer con las manos, que agita cada vez con más insistencia para calmar los nervios. Y así ocurre que son pocas las ocasiones en que el público aplaude, y eso que una parte del mismo está entregado.

La última gracieta da idea de lo corto de ingenio que anda. Acusar a Soraya Sáenz de Santamaría de aprenderse de memoria sus intervenciones es tanto como reconocer que no tenía nada con qué defenderse. Y eso que la ocurrencia de la menuda diputada tampoco es que fuera un alarde de ingeniosidad. Lo de "genio y figura hasta la candidatura" es en gracia lo que las fincas de la Duquesa de Alba en inmuebles, manifiestamente mejorable. Pero, al menos hay algo de gracejo, un chispazo de humor, un momentáneo fulgor, algo. En cambio, la contestación de Freddy, condescendiente, en plan perdonavidas, acusando a los populares de gandules para reconocerle a Santamaría el mérito de aprenderse sus intervenciones es muy pobre, indigno del papel que Freddy obviamente no sabe desempeñar.

En su disculpa cabe alegar que las sesiones de control al Gobierno en España son las más aburridas de "nuestro entorno". No sólo porque los políticos españoles parecen elegidos entre los peores de su clase, sino porque además el reglamento por el que se gobiernan es rígido y no es propicio a las florituras. Encima, favorece descaradamente al Gobierno, que se supone que es a quien hay que controlar. Deberían al menos hacer como en Gran Bretaña, donde el primer ministro sólo sabe quién le va a preguntar, pero no qué. Así, al menos, habría algo de espontaneidad.

El caso es que Freddy no da el papel de candidato a la presidencia del Gobierno. Yo no digo que no tenga un plan, que lo tendrá y puede que bueno. Pero, al PSOE, le ha sucedido lo que a la productora de Con faldas y a lo loco, que, quejosa de que Marilyn Monroe fuera incapaz de aprenderse el papel y llegar puntual a los rodajes, Billy Wilder le sugirió contratar a una tía suya que era perfectamente capaz de hacer las dos cosas, aunque no sabía si llenaría los cines. La productora, gracias a Dios, siguió soportando los caprichos de la Monroe. El PSOE, en cambio, ha decidido contratar a la tía de Wilder. Freddy se aprende el papel y llega puntual a los rodajes. Pero ¿llenará los cines?

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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