Rubalcaba

Freddy pinchaglobos

Emilio Campmany

Conforme El País va desgranando publirreportajes de su candidato, se va haciendo más evidente la ineptitud del aspirante para el cargo al que se postula. Debiera saber que en boca cerrada no entran moscas y que cuánto más hable, más patentes serán sus carencias. La entrevista sábana de seis páginas es un repertorio de buenas razones para no votar a éste que un día nos hizo creer que tenía un coco medianamente armado.

Es verdad que esta vez, que el encargado del incensario ha sido el director del periódico, al menos no se les ha escapado que el exministro viola les leyes sanitarias fumando puros en su despacho. Pero el producto finalmente alumbrado es todavía suficientemente sabroso. Para empezar, el químico se nos presenta como un chamán de la economía que se propone sacar miles de millones de euros de aquí y de allá. Los suma tocándose los dedos de una y otra mano con los pulgares haciendo la cuenta de la vieja, todo en un tono muy a la pata la llana. Que digo yo que hubiera bastado con que hubiera impedido que su presidente y sus compañeros ministros los tiraran por la ventana a manos llenas.

Luego, se pone a hablar de los del 15-M y, como si acabara de llegar de Marte, dice que está de acuerdo con ellos en la demanda de cambios. Lo dice él, que tiene el culo pelado de calentar sillones oficiales y aspira a seguir haciéndolo hasta que el cuerpo aguante. Es como si Botín dijera que está de acuerdo con la demanda de cambios en el mundo financiero.

Más adelante se hace un lío con las eléctricas y el déficit tarifario y exige que "las cuentas estén claras, que no lo están", como si el PSOE no tuviera responsabilidad en eso. Y pospone a un futuro acuerdo el saber cuánto cuesta de verdad la energía como si hubiera que ponerse de acuerdo para saber una cosa cuando lo que hay que hacer es estudiarla y aprenderla.

Ahora, lo mejor es lo de la burbuja inmobiliaria y lo mucho que se arrepiente de no haberla pinchado. Esta matraca es común a otros socialistas, empezando por Zapatero. Debieran, afirman, haber pinchado la burbuja inmobiliaria (que creó Aznar) para evitar que luego la crisis fuera tan grave como finalmente ha sido (por culpa obviamente de Aznar). Ahora le ha tocado el turno a Freddy, que se debe sentir como aquel corneta con tanta pupila, el más granuja del batallón, que le pinchó el globo a la Cirila, que se recordará que era una hembra que estaba cañón. Para poder hacerlo se ha puesto, como decía el cuplé, el traje de su teniente y, a la vista está, que le queda grande. Tan grande que se concluye que el muerto era mayor. Considerando que el muerto era alguien de tan poco fuste como Zapatero, la apreciación es peor que una injuria, es una risión.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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