Fantasías moderadas de ayer y hoy

Emilio Campmany

El PSOE juega en estas elecciones a la centralidad, a la moderación, a la socialdemocracia europeísta, progresista y reformista. Quiere presentarse como la estrella del comedimiento que atraiga a su campo gravitatorio a todos aquellos a quienes espantan los excesos, los dogmas y la desproporción. Este ambicioso plan del PSOE de presentarse como el más moderado de los partidos a un electorado mayoritariamente moderado choca sin embargo con varios inconvenientes. El primero es que el PSOE, desde que lo cogió Zapatero, a quien Dios confunda, dejó de ser moderado. Ahora es un partido radical de izquierdas. No sólo, sino que Sánchez lo hizo aun más extremista. Esto da sus frutos. De hecho, parte del electorado de Podemos está volviendo al PSOE gracias a esa radicalización. El segundo inconveniente para ser visto como un partido moderado es su disposición a dar a los separatistas catalanes lo que sea con tal de que lo sostengan en el Gobierno. Es verdad que el PSOE todavía no ha violado la Constitución, pero difícilmente puede ser visto como moderado quien pacta, tolera y compadrea con quienes quieren destruir la nación.

Pero el mayor obstáculo estriba en la evidencia de que el electorado ha dejado de ser moderado. Hoy, la polarización ha dejado a los moderados en minoría. Antes, la gente no votaba a quienes comulgaban con sus ideas si podían ser tachadas de extremistas, como la pena de muerte para asesinos terroristas y violadores o la ilegalización de partidos separatistas o la derogación de las comunidades autónomas. Aunque tuvieran esas ideas, los electores preferían votar opciones moderadas. Pero eso ya no es así. Hoy, cada vez más, al electorado le gusta votar a los que tienen sus mismas ideas, por poco moderadas que sean.

El relativo éxito de Ciudadanos no es fruto de su centralidad. Es consecuencia de su vehemente defensa, nada moderada, de la unidad de España frente a los muy moderados cerdeos del PSOE y las también moderadas tibiezas del PP. Y si hoy le va mal en las encuestas no es por escorarse a la derecha, sino porque ahora hay partidos de derechas dispuestos a defender la unidad de España con la misma vehemencia. Si el PSOE crece no es por su moderación, sino por la crisis de Podemos. La fractura del partido de Pablo Iglesias, sus escisiones y grietas, sin olvidar el marquesado de Galapagar, todo hace que el electorado de extrema izquierda prefiera la radicalidad del PSOE, que encima tiene posibilidades reales de gobernar. Por último, el crecimiento de Vox se debe precisamente a que, para bien o para mal, el electorado ya no quiere ser moderado, sino votar a quienes defiendan sus ideas, y le da igual que puedan ser tachadas de extremistas porque, aunque lo sean, son las suyas.

Los socialistas pueden acusar a Ciudadanos de ser de extrema derecha y pueden equiparar a Vox con el Frente Nacional francés, que ahora ya no se llama así. Pero eso no esconderá que quienes han transigido con quienes quieren destruir España han sido ellos y no otros. Y eso, por muy moderado que sea el elector, será determinante a la hora de decidir qué votar.

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