22-M

Extrema izquierda impune

Emilio Campmany

Da pena oír a los policías representantes de sus compañeros desplegados el 22-M pedir responsabilidades por los errores cometidos al montar el dispositivo policial organizado para hacer frente a las marchas por la dignidad (sic). Da pena porque creen que fueron errores. En absoluto. Estoy convencido de que hubo órdenes expresas para evitar que ningún radical terminara arañado. Da pena porque piensan que alguna responsabilidad puede exigirse porque haya sesenta y tantos policías heridos. Nada de eso. En España los antidisturbios están para que les abran la cabeza en las manifestaciones. Sólo se exigirán responsabilidades si los heridos son los alborotadores. Da pena porque están convencidos de que los responsables últimos son sus superiores policiales. Para nada. La culpa la tienen los políticos, no sé si la delegada del Gobierno o directamente el ministro, pero uno de los dos dio la orden de que no se empleara material antidisturbios. Con la Guardia Civil en Melilla han hecho lo mismo. Y da pena porque estos policías no saben en qué país viven. Uno en el que la extrema izquierda puede hacer impunemente lo que le venga en gana. Quienes creyeron que eso sólo era posible cuando alguien del PSOE está en el Ministerio del Interior, en especial si fuera Rubalcaba, se equivocaron de lado a lado. Si quien sienta sus reales en el palacete de la Castellana es un pepero de los de ahora, ya se pueden preparar los antidisturbios porque sus superiores políticos sólo estarán preocupados de que los radicales no se vean importunados mientras rompen escaparates, sin importar que a varias decenas de policías les cueste quedar descalabrados.

Francamente, no sé qué pasa con la extrema izquierda. No sé si están cabreados por haber perdido la guerra civil y haberles faltado el valor de enfrentarse a la dictadura o si lo que les pasa es que echan de menos la venturosa revolución de octubre. Me importa un higo. Lo que sí me importa es que este Gobierno de derechas a quien Dios confunda se arruga como un traje barato en el mismo instante en que ven asomar por una esquina una bandera republicana, a ser posible enarbolada por un encapuchado. Y luego hay quien acusa a los electores del PP que desertan hartos de tanta mentira, vergüenza e ignominia de servir sólo para que vuelva el PSOE al Gobierno. ¿Y qué? ¿Robarán más? Los ERE, Bárcenas y Gürtel demuestran que roban por igual. ¿Subirán los impuestos? Nadie jamás los ha subido tanto como el PP. ¿Colocarán a los suyos? Como si los del PP no hicieran lo mismo con familiares y amigos. ¿Dejarán a la extrema izquierda adueñarse de la calle? Nunca superarán en esto al PP.

Tantas veces se pide sin razón la dimisión de los políticos y ya verán como en esta ocasión nadie va a exigir la de nadie. Por eso, en consideración a esos policías heridos mientras defendían mi libertad, voy a pedir yo la de la delegada del Gobierno o, si alega haber cumplido órdenes, la del ministro. Y de mi voto, que se olviden.

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