Espérame en el sóviet

Emilio Campmany

Ya nadie cree posible un acuerdo entre el PSOE y Podemos. La esperanza de que tal cosa ocurra en un futuro inmediato parece enterrada en cal viva. Los análisis de cámara así lo confirman. Y sin embargo... Sin embargo, estamos hablando de socialistas y comunistas o, para entendernos mejor, de mencheviques y bolcheviques, y esos, cuando se necesitan unos a otros para acceder al poder, negocian lo que haya que negociar. Y cualquier insulto, afrenta, desplante o vejación que se dediquen no serán más que armas que estarán empleando en esa dialéctica que se gastan las gentes de la izquierda.

Porque están las cosas que se dicen a la cara, que ya vemos las que son. Pero luego están las que se hacen por debajo de la mesa. Qué pronto callaron los barones socialistas cuando los de Podemos les advirtieron de que dejarían de sostener a sus gobiernos en caso de seguir dando la matraca con que el PSOE no pactara con ellos. Ahora que se acerca la segunda votación, Sánchez ha intentado arrancarles la abstención amenazando a Carmena con quitarle el juguete de la alcaldía. Esto ha hecho que la buena señora se haya apresurado a pedir precisamente eso, que sus correligionarios se abstengan y permitan la formación de un "gobierno de progreso". Naturalmente, este tipo de amenazas no valen con el bolchevique y, en vez de entregar la abstención, lo que ha hecho Iglesias es exigir a la cándida abuela que se retracte, convencido de que el PSOE no se atreverá a echarla del consistorio madrileño porque de hacerlo serán expulsados los socialistas de cuantos sitios gobiernan con la ayuda de Podemos.

Están entretenidos con el juego del gallina por ver quién es el primero en ceder a las exigencias del otro antes de que sea demasiado tarde y se convoquen nuevas elecciones. Pero lo más probable es que, en estos dos meses que faltan para que tal convocatoria tenga que hacerse, lleguen a un acuerdo. En Cataluña, las CUP, que pertenecen al mismo encaste, hicieron lo mismo con los de Convergencia y al final no hubo elecciones y pactaron quienes se sabía desde el principio que encontrarían el modo de entenderse.

Sólo se abrirán nuevamente las urnas si las encuestas pronostican un magnífico resultado para un PSOE dirigido por Pedro Sánchez, que es cosa poco probable. Algunos pensarán que lo mismo sucederá si lo que predicen es un buen resultado de Podemos, pues, en tal caso, Pablo Iglesias las forzará demandando a Pedro Sánchez condiciones inaceptables. Nada de eso. Cualquier bolchevique que se precie elegirá cien veces, de cien que se le ofrezca, entrar en el Gobierno antes que quedar a expensas del resultado de unas elecciones, por buenos que sean los augurios. Así que, aunque sea en el último minuto, habrá acuerdo. Y Pedro Sánchez se irá a vivir a La Moncloa, que se convertirá en unos meses en un mausoleo a su memoria, cuando sea asesinado políticamente, como merece el atolondrado menchevique, por el astuto bolchevique. Al tiempo.

A continuación