Cooperantes secuestradas

España paga

Emilio Campmany

Desde el día en que militares españoles desde un helicóptero renunciaron a disparar sobre los piratas que secuestraron al Alakrana cuando huían con el botín en un esquife ya sin ningún español a bordo, nos convertimos en el objetivo ideal de toda banda criminal terrorista que se precie. Negarse a pagar puede ser excesivamente cruel, aunque hacerlo anime a otros a llevar a cabo ulteriores secuestros. Pero renunciar a acabar con la vida de los secuestradores cuando se les tiene a tiro es tanto como proclamar a los cuatro vientos que secuestrar españoles es un negocio de muy escaso riesgo.

Enseguida engancharon a los tres cooperantes españoles que andaban por Mauritania y hoy le ha tocado el turno a las dos voluntarias de Médicos Sin Fronteras que trabajaban en un campo de refugiados somalíes en Kenia. Salvo los dos piratas que conseguimos poner a disposición de un juez de la Audiencia Nacional y que se dejaron detener ignorantes de los remilgados que somos a la hora de disparar contra nuestros enemigos, nadie ha pagado sanción alguna por secuestrar españoles.

Y todavía creo que estamos teniendo suerte, porque con esta actitud tan lila y timorata que ha venido adoptando Zapatero frente a estas agresiones, lo lógico es que nos hubiéramos convertido en el blanco preferido de las organizaciones terroristas del planeta.

En este caso, además, como en el de los cooperantes secuestrados en Mauritania, es notable que los terroristas sean fundamentalistas islámicos emparentados con Al Qaeda. Se supone que nos mataron a 192 personas un 11 de marzo porque habíamos ido a hacer la guerra a Irak. Y se supone igualmente que retiramos nuestras tropas de allí para, a cambio de quedar como gallinas, blindarnos frente a futuros ataques. Naturalmente, como diría Churchill, preferimos entonces el deshonor al terrorismo y hoy tenemos deshonor y terrorismo.

Tampoco parece que hayan servido de mucho los millones de euros que nos gastamos en la Alianza de Civilizaciones ya que, fuese quien fuera quien se quedó con el dinero, nuestros aliados de la civilización de enfrente parecen no tener bastante y siguen secuestrándonos con más ahínco, si cabe.

Ahora veremos reunirse los gabinetes de crisis alrededor de mesas de nogal que les hemos pagado entre todos mientras sus miembros, gobernantes y altos funcionarios, ensayan gestos compungidos y muecas de ferocidad fingida. Lo cual será verdaderamente irritante porque todos sabemos que lo único que van a hacer es esperar a tener noticias de los secuestradores y negociar con ellos el pago del rescate. Luego, si todo va bien y no cometen ninguna torpeza, nos pondremos todos muy contentos de ver liberadas a nuestras compatriotas y nos parecerá feo preguntar si se ha pagado algo. Y nada se hará por castigar a los culpables.

Y finalmente, a sentarse a esperar el próximo ataque. Y todavía los hay que dicen que Zapatero algo bueno habrá hecho. Me gustaría saber qué.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

A continuación