España, Gibraltar y el 'Brexit'

Emilio Campmany

El Brexit tiene, o mejor, tenía, la ventaja de permitirnos revisar el estatuto de Gibraltar y poner sobre la mesa la cuestión de su soberanía. Nada de eso se está haciendo. La dejación del Reino de España llega al extremo de haber tenido la UE que hacerse cargo de la cuestión. Al principio, Bruselas determinó que el futuro de Gibraltar era un asunto que tenían que negociar Madrid y Londres y se comprometió a asumir lo que España pactara. Sin embargo, viendo que estamos dispuestos a bajarnos los pantalones por debajo de lo que la Unión está dispuesta a consentir, Michel Barnier, el negociador europeo, ha decidido hacerse cargo del tema. ¿Cabe mayor humillación?

No es fácil saber la verdadera postura del Gobierno español. Puede que realmente pretendiera que todo siguiera igual tras el Brexit, y por eso habla de los intereses de los trabajadores españoles que todos los días cruzan la Verja. O puede que, por miedo a ser responsable de las consecuencias económicas que para el Campo de Gibraltar tendrá el incremento de las dificultades para cruzar la frontera tras el Brexit, prefiera que sea Bruselas la que negocie. De esta forma podría luego echar la culpa de lo que pase a los burócratas europeos.

Lo cierto es que la economía del área no sólo se sustenta en las libras que ganan los trabajadores españoles en el Peñón, sino que también se nutre del contrabando y el tráfico de estupefacientes. Y ya hemos visto cómo allí los narcotraficantes campan a sus anchas porque cuentan con el apoyo de parte de la población, que percibe que su bienestar depende de ese comercio. El caso es que, para nuestra vergüenza, será Bruselas la que defenderá los intereses de España, pero lo hará sólo en la medida en que sean comunes a los del resto de la Unión. De modo que no se hablará de la soberanía.

La postura española no puede ser más bochornosa. No sólo renegamos de uno de los intereses nacionales más sagrados, la defensa de la integridad territorial, sino que dejamos que sean otros los que protejan los más prosaicos, como son los de combatir el contrabando y el tráfico de drogas.

La Verja debería cerrarse aprovechando el Brexit. Si no quiere hacerse, como debería, por una cuestión de principio, hágase para evitar que Gibraltar siga enriqueciéndose a nuestra costa. Si preocupan los trabajadores que se ganan la vida en Gibraltar, prevéanse subsidios que los atiendan (pagamos tantos que unos pocos más no importarán), hagamos allí inversiones que alivien la pobreza de sus habitantes y establezcamos una economía alternativa al narcotráfico y el contrabando. Y los llanitos que se sirvan ellos mismos las cervezas. Y si están a gusto siendo ciudadanos británicos de segunda a cambio de ser ricos, que con su pan se lo coman, pero al menos que dejen de reírse de nosotros en nuestras barbas.

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