España derrotada

Emilio Campmany

La España que le dio el poder a Zapatero se lo ha dado ahora a una especie de monstruo bobo hecho a imagen y semejanza de él. Es cierto que PSOE y Ciudadanos suman. Pero ninguno de sus dos líderes quiere ser aliado del otro. Sánchez e Iglesias gobernarán con la abstención de algunos independentistas. El precio que haya de pagar se pagará, porque los dos han dicho hasta la saciedad que confían en resolver el conflicto catalán con diálogo, o sea, hincando la rodilla. ¿Podría Junqueras exigir tanto que no se le pueda dar? Es posible, pero improbable. Porque el golpista es partidario de una estrategia a largo plazo que cuenta con que la independencia de Cataluña sólo será posible a la larga con la tolerancia de la izquierda, siempre aliada del independentismo, le cueste lo que le cueste a España. Por otra parte, Sánchez está dispuesto a llegar todo lo lejos que sea necesario siempre que pueda hacerlo sin violar groseramente las leyes.

Piénsese en el relator. Una concesión vergonzosa que Sánchez no tuvo inconveniente en hacer. Un par de días después de arrodillarse convocó elecciones para soslayar las presiones que recibió desde dentro de su propio partido. Hoy, legitimado por las urnas, ya no hay quien le pare. De modo que nadie espere que Sánchez esté dispuesto a cerrarse en banda a las exigencias de la Esquerra, salvo que éstas sean escandalosamente inconstitucionales. La presumible presencia de Pablo Iglesias en el Consejo de Ministros no mejorará las cosas. Las empeorará. Porque, aunque tenga algo más de cabeza que Sánchez, tan sólo le sirve para estar incluso más convencido de la conveniencia de hacer concesiones a los independentistas.

Y todo esto sin contar con lo que pidan los nacionalistas vascos, especialmente los filoetarras, con los que tan bien se lleva Pablo Iglesias. No es sólo cuestión de que sean o no necesarios sus votos. Es una cuestión de vocación. La de quebrar el espinazo que sostiene a la nación. Si Sánchez vacila en ir demasiado lejos, allí estará el cheposo morado para empujarle hasta donde haga falta llegar.

España ha sido derrotada este domingo. No cabe hacer otro resumen. ¿Los culpables? Puede discutirse si es la derecha, por comparecer fragmentada. Pero el caso es que tampoco la izquierda se ha presentado completamente unida. ¿La presencia de Vox ha servido sólo para robar escaños al conjunto de la derecha? Algo hay de eso, pero ¿cuántos electores se hubieran negado en todo caso a votar al PP tras ser gobernados por Rajoy? Es posible que la campaña de Casado haya sido regular tirando a mala. Es posible, pero hay que descargar de su responsabilidad la parte de culpa, que es mucha, que corresponde a su antecesor.

¿Y Ciudadanos? Sus resultados constituyen un relativo éxito. Pero no son decisivos. Por lo tanto, tienen que hacer más cosas y llegar a más gente. ¿A costa de quién? A costa de todos. Están lejos de ser conscientes del desafío. Veremos cómo se desarrolla esta legislatura de horror a la que nos enfrentamos.

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