Rajoy-Cameron

Escuela de blanditos

Emilio Campmany

En Gran Bretaña llevan ya dos debates entre los líderes de sus partidos. La tele ha lanzado al estrellato a un outsider, Nick Clegg. Según las encuestas, gracias a él, los liberales tienen en esta ocasión la oportunidad de ser necesarios para gobernar tras las elecciones del 6 de mayo. Esto, y el estar casado con una española, lo han convertido en personaje predilecto de la prensa española.

Pero esto no es, me parece mí, lo más interesante de la campaña británica. El dato más relevante es el batacazo que Cameron se está dando en las encuestas. Es verdad que sigue encabezándolas, pero lo hace por un puñado de puntos después de haber tenido veinte de ventaja sobre Gordon Brown. ¿Y qué tiene esto de interesante para los españoles? Pues muchas cosas.

Gran Bretaña padece una crisis económica similar a la nuestra. Sus ciudadanos pechan con un Gobierno de izquierdas que apenas tiene respuestas para la crisis. Y su candidato de la derecha, y esto es lo que me interesa destacar, ha basado toda su estrategia en lo que podríamos llamar "la táctica del blandiblup". Consiste ésta en eludir el compromiso todo lo que sea posible y esperar a que el rival, en el Gobierno, se cueza lentamente dentro del caldero de la debacle económica. Igualico, igualico que Rajoy, sólo que éste no tiene veinte puntos de ventaja, sino sólo seis.

Pues bien, con tanto melindre y tanto mírame y no me toques, a dos semanas de las elecciones, los laboristas casi alcanzan a los conservadores en intención de voto. Incluso parece que algunos electores de ideas conservadoras, antes que votar a Cameron, prefieren a Clegg, a pesar de ser éste esencialmente de izquierdas. Si el torpe Brown ha sido capaz de enjugar una ventaja de veinte puntos con Cameron, ¿se imaginan lo que puede hacer Zapatero con Rajoy?

Lo que está ocurriendo en Gran Bretaña debería enseñar al gallego que edulcorar el mensaje, aguar las ideas y envolver los principios no trae ni un sólo voto. A fuer de ser inútil, ni siquiera vale para apuntalar la abstención del adversario. Para lo único que sirve es para sofronizar a los propios electores.

Los políticos parecen convencidos de que en España, con principios, no se va a ningún lado. Quizá tengan razón. Pero a mí me da la impresión de que, en lo que se refiere al electorado de derechas, principios no faltan. Lo que falta es un partido y un líder que se presente como el sincero defensor de los mismos.

Puedo estar equivocado y resultar que presentarse como el defensor de ideas liberal-conservadoras aboca al fracaso. ¿Y qué? ¿De qué sirve ser presidente de Gobierno sin una idea que aplicar? A Rajoy le hace ilusión ser presidente. Pero, ¿por qué ha de hacérsela a sus potenciales votantes? 

Y encima, la experiencia de Cameron demuestra que ser blandito ni siquiera sirve para ganar. Sólo hay oportunidad de hacerlo y sólo merece la pena intentarlo si es para desarrollar buenas ideas inspiradas en grandes principios. Rajoy parece participar de las ideas y principios liberal-conservadores, pero cree que, ocultando que los tiene, le será más fácil vencer. Cameron, que cree lo mismo, está demostrando que los dos se equivocan. Éste ya no tiene tiempo para cambiar. Rajoy, sí, pero no querrá.

El Sr. Campmany es jurista, escritor y periodista. Su última novela publicada es Quién mató a Efialtes (Ciudadela, 2011). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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