Crisis nacional

Escuchar y querer a Cataluña

Emilio Campmany

Ver la plaza de Cataluña llena de españoles clamando contra el proyecto secesionista de Artur Mas puede ser todo lo esperanzador que se quiera. La relativa escasez de manifestantes puede magnificarse alegando el control que el independentismo ejerce allí sobre los medios de comunicación. Pero hay un hecho inequívoco, incontestable: Cataluña está donde los catalanes la han llevado. Y, si es cierto que el resto de los españoles lo hemos consentido y tolerado, ha sido por hacer precisamente lo que los convocantes de la manifestación de este sábado nos han exigido en su manifiesto, esto es, escuchar y querer a Cataluña. Si sólo hubieran pedido querer, podría haberse entendido que ese querer incluía negar parte de lo que pidiera por no convenirle. Pero no. Lo que se exige no sólo es querer, también escuchar. Así pues, hay que escuchar lo que Cataluña pide y quererla lo bastante para concederlo.

Pues bien, en el resto de España llevamos casi cuarenta años que no hacemos otra cosa que escuchar y querer a Cataluña. El sistema político que tenemos, lo que llamamos Estado de las Autonomías, es de locos. Es ineficaz políticamente y una sangría económica, además de generador de corrupción. No lo montamos y toleramos, a pesar de sus muchas imperfecciones, por querer y escuchar a Murcia, Cantabria o Aragón. Lo aguantamos por escuchar y querer a Cataluña. Es cierto que sucesivos Gobiernos de izquierdas y derechas han permitido que allí no se cumplieran las leyes españolas. Pero fue precisamente por escuchar y querer a Cataluña, ya que no hubo demasiadas quejas de catalanes de que esas leyes allí no se aplicaran. Al contrario, cuanto más incumplían los Gobiernos de la Generalidad, más respaldo en las urnas recibían de los electores catalanes. Cuando sus políticos hicieron un estatuto inconstitucional, a pocos allí les importó que lo fuera. Es verdad que no fueron muchos quienes lo votaron, pero tampoco nadie se opuso a él. Sólo cuando el Constitucional tiró abajo algunos artículos, los más groseros, se levantó una ola de indignación.

Nos hemos hinchado fuera de allí a escuchar y a querer a Cataluña y jamás ha habido desde sus instituciones un gesto de agradecimiento o de satisfacción por vivir en un país donde era posible ser catalán, sentirse catalán, estudiar en catalán y ser a la vez español. Al contrario. El resto de españoles hemos tenido que ver cómo un estadio lleno de catalanes silbaba nuestro himno y abucheaba a nuestro rey. Francamente, creo que ya hemos escuchado y querido bastante a Cataluña. Ahora corresponde a los catalanes resolver qué quieren ser. Y hay unas urnas para hacerlo. Si siguen votando a partidos que quieren la independencia y odian e insultan a España, ¿qué se supone que tenemos que hacer nosotros? ¿Escuchar más y querer más? Lo siento. A mí, el rácano corazón de español paleto y mesetario ya no me da más de sí.

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