Entre la corrupción y el miedo

Emilio Campmany

No descubro nada si recuerdo que la estrategia de este PP de Mariano Rajoy para hacer frente a las próximas elecciones generales es la de atemorizar a sus potenciales electores con una posible coalición entre el PSOE y Podemos si, con ánimo de castigar la corrupción, deciden votar a otro o quedarse en casa. Para que el pavor se extienda entre los electores liberal-conservadores e incluso entre los socialdemócratas más tibios, el PP prácticamente no tiene que hacer nada, pues ya se encarga Pedro Sánchez con su inconsistencia radical, tan parecida a la de Zapatero, de extender la alarma por amplios sectores del electorado. Antes de las elecciones municipales cabía la duda de si el PSOE sería capaz de unirse a quienes quieren hacerlo desaparecer o si Podemos se dejaría respaldar por el pilar izquierdo de la casta. Visto y comprobado que ambas formaciones no tienen ningún escrúpulo para encamarse donde haga falta, el miedo entre aquellos a quienes repele el comunismo está garantizado.

Una vez aterrorizado el electorado del PP, además hay que hacerle superar la repugnancia que da votar a un partido incurso en tantos casos de corrupción. Naturalmente, el PP también tiene una estrategia para eso. La idea es presentar los casos de corrupción del PP como supuestos aislados, inevitables, que las instituciones, funcionando correctamente, están detectando y castigando. Y es curioso que este planteamiento esté triunfando entre la opinión pública a pesar de que la Gürtel y el caso Bárcenas tengan mucho de corrupción institucionalizada. Y sin embargo, luego es el caso Rato, donde la corrupción puede fácilmente aislarse alrededor del exvicepresidente del Gobierno, el que más daño está haciendo. ¿Será debido a la relevancia de Rato, tan por encima de la de Bárcenas o Granados?

Hoy ha sido detenido y encarcelado su supuesto testaferro, un empresario mejicano. Éste ha cobrado grandes sumas sin justificar de dos empresas que contrataron con Bankia y luego realizó pagos por valor de la mitad de esas cantidades a una sociedad de Rato. Que el intermediario esté en la cárcel y el principal se reúna con un ministro no transmite precisamente la impresión de ser un caso concreto que las instituciones han detectado y están castigando conforme a ley. Es verdad que al mejicano lo detuvieron en el aeropuerto cuando pretendía volar a Méjico y que Rato no ha intentado fugarse, lo que puede justificar la situación de uno y otro. Pero el caso es que todo lo que rodea a Rato está perjudicando al PP mucho más que el resto de los casos.

Ya veremos si a Rajoy le sale bien esta estrategia del miedo para que sus electores le voten a pesar del hedor que sale de Génova, 13. Menos mal, pensara él, que Ciudadanos ha hecho piña con lo peor de la corrupción en España, que es el PSOE de Andalucía, dejando a sus desgraciados electores sin otra alternativa que votarle a él.

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