Movimiento 15-M

Entierro en la Puerta del Sol

Emilio Campmany

El movimiento este del 15-M es amorfo y turbio, pero, aunque la izquierda del sistema esté tratando de manipularlo, sí parece espontáneo y exterior a los partidos con representación en las instituciones. Periodísticamente, el fenómeno tiene encandilados a muchos medios, incluido el Washington Post, que habla sin tapujos de la "Spanish revolution". Debe de ser que, como África de alguna manera empieza en los Pirineos, el rotativo encuadra lo de la Puerta del Sol en el marco de la primavera árabe que recorre todo el Magreb. Por mucho que nos duela, que la acampada sea fruto en parte de un contagio no debe descartarse.

El movimiento, a pesar de que el apoyo expreso es poco numeroso, está alcanzando mucha visibilidad. ¿Están bien organizados? El magnífico reportaje gráfico de Fernando Díaz Villanueva muestra unos medios bastante cutres, lo que sugiere espontaneidad. Sin embargo, algunas pancartas gigantescas aparecen en su enormidad perfectamente impresas, lo que a su vez hace pensar que cuentan con posibles. Esto implica disponibilidad de fondos y la posibilidad de que haya alguien aportándolos con el fin de manipular el movimiento en su beneficio. Total, que puede que haya alguien detrás y también puede que no.

El futuro es incierto. Si la Policía los deja, pueden acabar como los de Sintel, permaneciendo meses de acampada. Podrían terminar por convertirse en una atracción turística, una especie de parque de Tahrir donde poder ver (y oler) cómo se protesta para pedir más democracia en el norte de África, pero dentro del orden que implica hallarse en Europa. Aunque también puede que la protesta se vaya extendiendo hasta hacerse incontrolable. Incluso cabe la posibilidad, por hoy remota, de que se haga violenta.

¿Y si la Policía interviene? Rubalcaba tiene la obligación de hacerlo porque la acampada es ilegal sin necesidad de esperar a que lo diga la Junta Electoral Central. Naturalmente, antes de las elecciones, no se arriesgará. Pero, si lo hiciera después, podría despertar a un monstruo dormido. No hay que olvidar que el descontento de los del 15-M es común a muchos españoles, aunque a la mayoría de ellos no les apetezca dormir en la calle, compartir un colchón viejo y beber de una litrona.

En todo esto, sólo hay una cosa segura. El régimen de 1978 está muerto. Sólo falta reconocerlo y decidir si ha fallecido de muerte natural o ha sido asesinado y, en éste último caso, determinar quienes han empuñado el arma. Luego habrá que crear otro nuevo, para lo que tendrán que convocarse elecciones a Cortes constituyentes tras una reforma en profundidad de la Ley Electoral. Qué programa tan bonito para un líder que fuera un estadista. Si alguien sabe de alguno, que lo llame, que urge.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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