Cataluña

En defensa del referéndum

Emilio Campmany

Rajoy ha dicho que a él no le han pedido un referéndum. Bueno, pues aunque no se lo hayan pedido, que lo ofrezca, ya que la máxima autoridad de Cataluña ha dicho a los cuatro vientos que lo quiere. La España oficial no nacionalista ha contestado por el método Ollendorff. Ya hemos visto lo que ha dicho Rajoy. El príncipe dice que Cataluña no es un problema. Los socialistas que quieren una España federal. Los hay que se limitan a constatar que la Constitución no permite la secesión y otros que cualquier desafío se contestará con la ley.

A mí me parece que los nacionalistas tienen razón en una cosa, en que todo proceso secesionista democrático se hace a través de un referéndum limitado al territorio que pretende separarse. Negar la posibilidad de celebrarlo con carácter indefinido no es democrático. De forma que, si lo quieren, hay que encontrar la vía legal para convocarlo. Hay dos formas: que el Gobierno lo autorice y, si sale que sí, se reforme la Constitución para que Cataluña se pueda separar, o que se reforme la Constitución para regular el modo en que una comunidad autónoma puede acceder a la independencia. Me gusta más el primero, porque para qué vamos a reformar la Constitución, cuando, si sale que no, no habrá necesidad de reformar nada.

Si se escoge este sistema, lo mejor es que el referéndum sea convocado por una ley que fije, además de la fecha, la pregunta, que no podría ser otra que: ¿quiere usted que Cataluña sea independiente de España?; que determine que, una vez celebrado, no podrá convocarse otro en 25 años; que el , para prosperar, tiene que vencer en las cuatro provincias catalanas, y que, para el supuesto de que eso se produzca, fije la proporción de deuda española que ha de asumir el nuevo Estado. Luego, si sale el no, la Constitución tendría que volver a estar vigente en Cataluña, en especial en lo que a la enseñanza en castellano se refiere.

Doy por sentado que los independentistas catalanes hablan en serio. No obstante, sería legítimo dudarlo, en vista de que Duran i Lleida, a pesar de haberse manifestado a favor de la independencia, dice ahora ser partidario de la solución confederal. Ulteriores dudas surgen cuando se lee la pregunta ideada por Mas, que ofrece a los catalanes la posibilidad de elegir lo que no está en su mano ser y celebra la ocurrencia bailando la conga. Y de remate va y viene un diputado de la Esquerra pidiendo 16.500 millones a todos los españoles a cambio de hacernos el favor de independizarse. De modo que todo esto podría no ser más que una broma. Pero, aunque no hablaran en serio, en serio es como hay que contestar a una propuesta tan grave como la que han hecho. Y eso sólo puede hacerse convocando el referéndum. Después, a hacer campaña, y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

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