Crisis institucional

El sistema está muerto

Emilio Campmany

Uno de los aspectos más sorprendentes de los últimos años de Zapatero fue la incapacidad del PSOE para librarse de él y dar una respuesta seria a la crisis, que evitara no ya la derrota, que eso hubiera sido imposible, pero sí al menos el desastre electoral al que al final se vio abocado. No sólo eso, sino que el partido escogió para su regeneración y posible vuelta al poder al único socialista en activo que puede con orgullo aunar en su sola persona buena parte de la responsabilidad de los desastres del Gonzalato y las sansiroladas del zapaterismo. Y no bastándoles, elevaron a la condición de alternativa a Carme Chacón, quintaesencia del huero ideario del solemne.

En el PP, la situación no es mucho mejor. El desencanto de sus electores es tanto más profundo que el de los socialistas, porque esperaban más de su partido. Rajoy ha defraudado su programa económico haciendo que España sea un país más socialista de lo que lo era en tiempos de Zapatero gracias a una brutal subida de impuestos. No sólo eso, sino que ha dejado en vigor las leyes que tanto irritaron al electorado de derechas, la del matrimonio homosexual y la del aborto. En política antiterrorista, siguen vigentes las directrices fijadas por Eguiguren. Encima se extiende la sospecha de que el PP, en materia de corrupción, no tiene ya nada que aprender del PSOE. Y eso sin contar el generalizado nepotismo con que Génova gestiona la cosa pública.

Podría interpretarse que los dos partidos que sostienen el sistema han enfermado y han decidido suicidarse enemistándose con sus respectivos electorados. Sin embargo, el diagnóstico es más complejo. Los dos partidos mayoritarios ya no sostienen el sistema, forman parte de él. Por eso no pueden cambiarlo y salvarse porque creen, con razón, que no sobrevivirían a una regeneración del mismo. Al menos, no lo harían sus actuales dirigentes. Personajes y personajillos, apergaminados, ajados y amojonados, se atrincheran para sobrevivir cuanto se pueda. Ya ni se preocupan por ocultar los muchos favores que hacen a los empresarios que revolotean alrededor de ellos, ni se esfuerzan por disimular los muchos cargos, a veces sin contenido, que reparten entre familiares y amigos. No renuncian a nada y que la fiesta dure lo que tenga que durar.

La verdad es que el sistema está muerto, pero PP y PSOE no quieren enterrarlo porque forman parte de él. Tendremos que ser nosotros quienes con nuestro voto empecemos a cavar su tumba. Pero ¿votando a quién? Buena pregunta detrás de la cual podría esconderse un Berlusconi o un Beppe Grillo. Y es con ese miedo con el que PP y PSOE cuentan para sobrevivir y fingir que el sistema que les alimenta sigue vivo. Y por eso nos previenen del riesgo que entraña votar a partidos "estrafalarios". Y es verdad que hay un riesgo. Pero a mí me está pareciendo que casi cualquier cosa es ya mejor que este hedor insoportable.

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