PSOE

El retorno de Pepiño

Emilio Campmany

Hay noticias buenas, noticias estupendas, noticias magníficas y luego el retorno de Pepiño. Todo parece indicar que el hombre del nuevo secretario general en Europa es, Dios quiera que sea verdad, Pepiño Blanco. La noticia es tan buena que no me la puedo "de creer", que dicen en la tele. Y sin embargo debe de ser verdad cuando Ketty Garat nos informa de que Elena Valenciano se está pensando renunciar a la presidencia de la delegación socialista europea. Es el momento de decirle a tanto descreído como ahora hay que es esta clase de noticias la que demuestra que Dios aprieta, pero no ahoga.

Es verdad que nada es comparable a que volviera con todas las de la ley Maleni. Y que Maleni, que es capaz ella sola de dar en una semana argumento para mil columnas, no hay más que una. También es cierto que Zapatero no nos tiene abandonados del todo y de vez en cuando nos hace la caridad de compartir con nosotros sus reflexiones para que el buen humor no decaiga. La última, en la que ha propuesto que la ONU tenga un superpapa que supervise a todas las religiones, es especialmente notable porque a nadie que en su maldad quisiera difamarlo poniendo en sus labios una chorrada jamás se le habría ocurrido una tan descacharrante como ésa, aunque lo hubiera estado pensando durante un año. Pero claro, ya no tiene a su alcance tanto micrófono, tanta oportunidad para el canutazo, tanta ocasión para el desvarío público.

Ida Maleni y medio huido Zapatero, ¿qué nos quedaba? Cayo Lara y Llamazares son algo majagranzas, pero ni para decir sandeces tienen gracia. A López i Chamosa la tienen secuestrada y apenas le dan cancha. Tanto es así que para poder decir una memez tiene que aprovechar una ocasión extraordinaria como es la votación pública por llamamiento para aprobar la abdicación de Juan Carlos y meter una morcilla con la que provocar algo de hilaridad. Pero votaciones de esas hay muy pocas y, francamente, un apresurado estrambote al propio voto cada vez que abdique un rey da para poco.

Esta sequía de sansiroladas, que dura ya más de lo humanamente soportable, podría estar llegando a su fin si es verdad que vuelve Pepiño. No quiero hacerme ilusiones, pero el otro día ya estuvo largando en la SER contra Junker, así que debe de ser verdad que regresa. Si así fuera, significaría que vuelven los días de vino y rosas, que se acabaron los años de las vacas flacas, que pasó la última plaga de Egipto, que volvemos a tener algo con lo que reírnos. Y de paso demostrar que, por mucha certeza moral que haya de que un político es corrupto, si el Supremo absuelve, lo hace con todas las consecuencias. Pero, en fin, no ensombrezcamos la realidad de la buena noticia. Retorna el hombre que despachaba en una gasolinera y con él, materia prima con la que levantar columnas. Dios es grande en el Sinaí.

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